M.Q. - PONTEVEDRA
La presencia de presos relacionados con su pertenencia de ETA, ya sean dirigentes o integrantes de base, ha aumentado en la cárcel de A Lama durante los últimos meses. Si el pasado verano eran sólo 15, un año después son 23, entre ellos algunos de los componentes que arrastran una trayectoria más peligrosa y sanguinaria. La conflictividad que presentan dos de ellos ha obligado a Instituciones Penitenciarias a mantenerlos en continuo aislamiento, sin apenas contacto con el resto de los reos.
El total de los condenados etarras se encuentran repartidos entre los 15 módulos que componen el penal pontevedrés, de manera que las relaciones entre ellos también son mínimas. En cualquier caso todos siguen una rutina de primer grado, esto es con horas de aislamiento en solitario. Pero son sólo dos de ellos los que se encuentran bajo un estricto programa de reclusión, con menos de tres horas en el patio y, el resto de la jornada, en celdas unipersonales.
Los otros 21 condenados de ETA, en cambio, sí disponen de medio día de convivencia con el resto de la población reclusa en el complejo. La otra mitad del día también permanecen incomunicados en sus respectivas habitaciones, pero no pasan por un régimen tan restrictivo como el que tienen que cumplir los otros dos presos.
Entre los etarras que cumplen su pena en el recinto de A Lama, de los que 21 son hombres y 2 son mujeres, se encuentran algunos de los considerados como históricos de la banda. De ellos, tres fueron trasladados recientemente desde centros penitenciarios del sur del Estado.
Estos últimos formaron parte de algunos de los comandos más buscados de la organización, personas muy próximas a la cúpula de la banda durante las décadas de los años 80 y 90. Ya en prisión habrían mostrado indicios de alejamiento de la línea dura defendida por la cúpula directiva.
Precisamente es por esta presumible desvinculación por lo que se ha acercado a este conjunto de presos. Su recolocación en el norte de la península parece haberse convertido en una especie de valoración por apartarse de las tesis actuales de la banda.
Los últimos en llegar
Así, se ha optado por la reubicación de Jesús Arkauz Arana, conocido como “Josu de Mondragón”; Felipe San Epifanio, “Pipe” y, por último, Luis María Carrasco Asenguinolaza. Es algo que se incluye dentro de la política del Ministerio del Interior, dejando a los presos más problemáticos en cárceles sobre todo de Andalucía y derivando a los “críticos” con el grupo terrorista a recintos de Galicia, Asturias o Aragón, mucho más próximos a Euskadi que por ejemplo el complejo Puerto III, en Cádiz, donde se concentran varios de los convictos más radicales.
Sin embargo, no todos los etarras que cumplen su pena en la comunidad gallega responden a este perfil de distanciamiento con los propósitos que defiende la organización. Los complejos gallegos albergan a cerca de 60, de los que la cárcel de A Lama acoge a más de un tercio de los que permanecen en las otras instalaciones. El centro pontevedrés es el que cuenta con mayor presencia de condenados etarras, seguido por el de Teixeiro, en la provincia de A Coruña, que también se aproxima a la veintena.