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PAOLA GONZÁLEZ - PONTEVEDRA El número de familias que acude al comedor de San Francisco va en aumento y ya alcanza el centenar de personas. Los responsables del centro han tenido que hacer dos turnos para atender a esta gente necesitada. Otro hecho que se constata es que cada vez acuden más familias sin recursos.
El almuerzo comienza a la 13 horas y permite el paso a los comensales hasta un cuarto de hora después, pero los asiduos llegan con anticipación y esperan sentados, charlando junto a las escaleras traseras de la iglesia. Algunos se conocen desde hace muchos años aunque "cada vez se ven más caras nuevas" afirma M.J., una joven de 20 años que acude desde pequeñita al comedor. Ahora dos niños de 13 y 14 años de nacionalidad rumana le acompañan.
"Suelen venir antes porque desgraciadamente no tienen otra cosa que hacer más que estar aquí a la hora en punto", afirma Carmen, la encargada del comedor desde hace 21 años, fecha en la que se inauguraba el recinto y que diariamente abre sus puertas a un centenar de comensales. Asegura que "con la crisis hay más gente y que los sábados se ven más familias", antes bastaba con los 88 puestos para los que está capacitado el comedor, ahora es necesario hacer dos turnos. "A los que vienen a la hora pero se quedan fuera se les da un ticket y se les hace pasar en el segundo turno", generalmente entre 15 y 20 comensales más.
"Cada cual tiene su circunstancia", nos explica M.J., quien junto a J.L.G., un varón en paro que ronda los 50 años, los dos muchachos rumanos y otro hombre de avanzada edad que decide alejarse, forman un grupo heterogéneo en el que predominan los varones.
Entre ellos se respira complicidad, son casi una familia unida por la necesidad. Cada uno tiene una historia pero en su mayoría son los problemas económicos lo que les empuja a aceptar la caridad. "Por desgracia" comenta Carmen "hay muchos drogadictos". Sin embargo, desde hace algo menos de un año los indigentes afectados por algún tipo de adicción comienzan a ser secundarios y se amplía el número de familias, jubilados a los que no les llega la paga y por supuesto parados que acuden al comedor. "Cada poquito tiempo viene más gente", dice M.J., "algunos incluso vienen teniendo casa propia para aprovecharse del comedor luego cobran la paga y dejan de venir . Se trata del pobre vergonzante que la crisis alimenta cada día más.
"El pan de los pobres", así reza el peto pegado a la imagen de San Antonio, patrón de San Francisco, donde se recogen los donativos que hacen posible el comedor para que un centenar de personas coman de lunes a sábado. Con los donativos de la iglesia, los de alimentos y las pocas subvenciones que reciben, algunas del ayuntamiento, sirven un total aproximado de 600 comidas a la semana.
El menú de ayer: callos de primer plato y tortilla de segundo, de sobremesa café o colacao con unos deliciosos pastelitos que todos los días la confitería Ancar dona al comedor. Para matar el hambre durante el resto del día un bocadillo y una pieza de fruta que los comensales recogen antes de salir.
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