ANTONIO URQUÍZAR HERRERA - Director del curso "Bárbaros, herejes y gentes de baja condición"
S. R.- PONTEVEDRA
Sin honor ni estima pública, despreciable y falto de crédito. Es el infame, esos cientos de viles que, a pesar de serlo o quizás precisamente por ello, a lo largo de la Edad Moderna han sido protagonistas de numerosas pinturas, esculturas y obras literarias. Son los personajes a los que se dedica el seminario “Bárbaros, herejes y gentes de baja condición. Contrafiguras de los infames en el arte de la Edad Moderna” inaugurado ayer por la Uned en el marco de sus cursos de verano 2009. Antonio Urquízar dirige este monográfico que busca revisar el papel de los más indignos en el arte.
–¿Qué se entiende por los bárbaros, los herejes y la gente de baja condición?
–Hemos utilizado la descripción de un filósofo francés, Michel Foucault, de los infames, infame es la persona que no tiene reputación, aquella que no tiene fama y, en principio, no hay razones para que su vida sea divulgada o sirva de tema para representaciones visuales. Este es un curso de historia del arte en lo que hacemos es preguntarnos por qué se representó a toda una serie de personas que no pertenecían a las estructuras que podríamos decir “ordenadas”, de la normalidad de la sociedad y que entonces no tenían por qué servir de modelo ejemplar o de modelo didáctico para ser representadas en pintura sobre todo, teniendo en cuenta que la pintura era sobre todo un medio para la memoria. Nos preguntamos entonces por qué aparecen los musulmanes, los judíos, los enemigos, herejes etc.
–Personas aparentemente condenadas al ostracismo han sido no obstante motivo de inspiración para la pintura, la literatura, la música etc
–Si, y eso es porque si no podían ser el modelo de conducta ejemplar aparecen en muchas ocasiones como un contramodelo, como el contraejemplo, por ejemplo el pecador. En ocasiones también aparecen como un disfraz, es decir la imagen quiere crear a través de ellos una memoria disfrazada que permita ver la realidad de otra manera, por ejemplo cuando un edificio musulmán se interpreta como si fuese romano o un edificio musulmán se interpreta como un trofeo, una representación de la victoria.
–¿Nos fascina tanto la belleza como el pecado?
–(risas) Al arte yo diría sin duda que le fascina mucho más el pecado que la belleza.
–¿Cuáles son los autores que más se han detenido en estos aspectos de la forma de ser de los hombres? Goya sería un ejemplo moderno...
–A Goya no vamos a entrar porque nos centramos en los 250 años anteriores a él, pero hay como distintos espacios que vamos a manejar, por ejemplo un Velázquez o un Caravaggio con sus pinturas de bodegones en las que aparece gente común, maleantes, o pícaros como en el caso de Murillo, también van a aparecer los pintores del mundo germánico del Renacimiento con sus estampas antipapales o la pintura de la Contrarreforma que ataca esos modelos protestantes. También todas esas estampas que se utilizan como propaganda de guerra en el contexto de los conflictos europeos de la Edad Moderno o la imagen de los contramodelos femeninos que aparece en la pintura europea del Barroco.
–Otro referente constante en la historia del arte es la “pecadora”, la mujer que incumple el modelo social vigente...
–Si partimos de la base de que el papel de estas obras en la cultura del Barroco sobre todo es el de adoctrinar y establecer elementos de control social hay una serie de temas que se utilizaban claramente para mantener controlada a la mayoría de la sociedad.
–¿Qué opinión le merece a un especialista en historia del arte la pintura, escultura, instalación etc de la actualidad?
–El arte contemporáneo me parece que no es esencialmente distinto del arte del pasado, lo que ocurre es que maneja unos referentes que hoy no forman parte de la cultura popular y no son conocidos ¿qué ocurre? Que a lo mejor el significado completo que tenía una pintura del Renacimiento en aquel momento sólo era conocido por una minoría, hoy ese mundo ha pasado a formar parte del conocimiento compartido por la mayoría y todos más o menos lo entendemos y lo apreciamos cuando lo vemos en un Museo, mientras que los referentes del arte conceptual, por ejemplo, no forman parte del conocimiento medio o de lo conoce generalmente el espectador. Los problemas del arte contemporáneo son generalmente problemas de universalización de referentes.