C. GARCÍA - PONTEVEDRA
Nada hacía presagiar a los vecinos del número 17 de Benito Corbal el susto que padecieron ayer sobre las tres y media de la tarde. Según explica Mercedes del Campo, una de las vecinas, el edificio, aunque con medio siglo de antigüedad, había sido reformado recientemente. Las obras que se desarrollaban al lado tampoco habían dado mayores problemas que los típicos ruidos de un edificio en construcción. La aparición de unas pequeñas grietas al inicio de la construcción se resolvió sin mayores consecuencias, con la elaboración de un protocolo al efecto, explicó Javier Domínguez, presidente de la comunidad de vecinos y portavoz del PP en Poio. Nada comparable con lo de ayer.
Anabel Costal vive en el cuarto piso y fue una de las vecinas que dio la voz de alarma a los obreros. "Comenzaron a abrirse unas grietas enormes, parece que se iban a caer las paredes", relata. Salió a la ventana de su dormitorio, que da a la obra, para gritar a los operarios que parasen los trabajos "pero no me escuchaban". "Bajé y hablé con el encargado, le dije que por favor, que parase, que se iba a caer el edificio. Al principio no me hizo mucho caso, pero luego vio venir a mas gente corriendo y pararon la obra", explica. "Pensé que se nos iba a caer todo encima", dice. Destacó la rapidez con la que actuó la Policía Local y los bomberos que "llegaron enseguida".
Los vecinos salieron del edificio con tanta rapidez que la primera llamada de alerta a la Policía Local era de un particular que avisaba de la aparición de grietas y de que él, atemorizado, se iba del edificio. Luego llamaron muchos más.
Cecilia Castro trabaja en Ferpes, uno de los comercios afectados. Llegaba a trabajar a las tres de la tarde cuando vio como caían "chispitas" del techo del almacén. "Miré para el suelo y se empezó a abrir una grieta enorme delante de mis pies", dice, "es un horror, pensé que me hundía por completo para abajo". El propietario de este establecimiento espera que la situación se solvente cuanto antes, sobre todo ahora que llega el verano y "es época de ventas" y se pregunta "a ver quién nos paga el tiempo que estemos cerrados". Otros vecinos aseguraban que llegaron a ver "como se caían algunas baldosas por el temblor".
Ayer, mientras una multitud de curiosos rodeaban el perímetro de seguridad desplegado por la Policía Local, los afectados (unas 15 personas según el presidente de la comunidad) regresaban fugazmente a sus casas para recoger lo más necesario antes de pasar unos días en un hotel –la mayoría en el Galicia Palace–. Con el susto se habían ido de sus casas prácticamente con lo puesto.