C. GARCÍA - PONTEVEDRA
Varias mantas eléctricas que una alumna utilizaba para sus montajes escultóricos provocaron ayer un pequeño incendio en la Facultad de Bellas. Aunque el fuego se sofocó casi de forma inmediata, se provocó una intensa humareda que obligó a desalojar el edificio y a suspender las clases temporalmente. Todo se quedó en un susto ya que, finalmente, el incendio apenas causó daños materiales y por la tarde se pudo reanudar la actividad lectiva con la salvedad de la sala afectada por el fuego y la biblioteca que se mantuvieron cerradas por el persistente olor a quemado.
Según explicó el decano de Bellas Artes, Ignacio Barcia, fue la propia alumna que dejó las mantas encendidas quien se encontró con la humareda al regresar a la sala de Esculturas y abrir la puerta. Eran las 11.25 horas cuando saltó la alarma antiincendios y se avisó a los bomberos. No fue la extinción del fuego lo que más complicó la labor de los bomberos ya que consiguieron sofocar las llamas en cuestión de minutos con dos extintores. Lo que resultó más difícil fue ventilar el edificio, ya que las dependencias en las que se produjo el incendio están ubicadas en un sótano y tienen una pequeña claraboya como única ventilación. De hecho, fue necesario acudir a los planos del edificio para encontrar una fórmula que permitiese a los bomberos instalar su potente ventilador y evacuar la intensa humareda que había provocado el incendio. Además existía la posibilidad de que se hubieran acumulado gases debido a que se trataba de una planta soterrada.
El hueco de la escalera por la que se accede al sótano era una de las pocas vías de escape que tenía el humo por lo que actuó de tiro y pronto llegó a las plantas superiores. Nada más sonar la alarma y como medida preventiva se decidió evacuar a los alumnos y profesores, una operación que se realizó "con mucho sentido común, despacio y con mucha tranquilidad", "la evacuación se hizo de forma alucinante", explicó el decano de la facultad, quien también confirmó que el origen del fuego estuvo en un trabajo que realizaba una alumna que "se le pudo ir de las manos".
Dado que cientos de alumnos se arremolinaban a las puertas de la facultad, se decidió suspender las clases durante el resto de la mañana mientras los bomberos continuaban con las labores para ventilar el edificio, en el que había un intenso olor a quemado. Después de unas dos horas, por fin el edificio se liberó de humo, quedando cierta cantidad muy pequeña en el lugar del incendio y un fuerte olor en la escalera que es la que da acceso a la biblioteca, por lo que se mantuvo cerrada a los estudiantes. En el resto de la facultad se reanudaron las clases con total normalidad ya por la tarde.