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JULIO SANTOS PENA - MARÍN Cerca de doscientas personas se desplazaron el pasado domingo en tres autobuses y varios coches particulares hasta la parroquia de Abelleira, en Muros, para visitar al que fuera coadjutor de la parroquia Santa María del Puerto alternando esta función pastoral con la de párroco de Santo Tomé de Piñeiro durante casi veinte años. Hace ya una década que fue destinado a Muros donde atiende tres parroquias de su entorno en una de las cuales recibió la visita de los marinenses que compartieron con él y con los feligreses de aquel lugar una jornada especialmente emotiva para todos pero, en especial para Álvaro Rodríguez que en varios momentos de la caremonia fue incapaz de contener su emoción.
El numeroso y representativo grupo de personas pertenecientes a las comunidades católicas de Marín-centro, Santo Tomé de Piñeiro y la Barriada de A Cañota, llegó con cierto retraso, según la previsión estimada lo que no restó brillantez a la ceremonia de la Eucaristía presidida por el propio Álvaro Rodríguez. En su transcurso se sucedieron los momentos de especial emotividad para el sacerdote que incluso vio hacer una lectura a la última niña que fue bautizada por él en Santo Tomé de Piñeiro la cual participó de forma especial en la ceremonia.
Satisfecho y agradecido
Como cabía esperar, antes de finalizar la misa, el bien recordado sacerdote recibió varios obsequios procedentes de sus destinos en Marín. Un cuadro con la imagen de la patrona de Marín, una placa de plata y un reloj fueron los testimonios recogidos por Álvaro Rodríguez de manos de sendos representantes de las zonas de Marín centro, Santo Tomé de Piñeiro y la barriada de A Cañota.
El sacerdote, que apenas pudo articular más palabras que las oraciones de la propia celebración eucarística, quiso declarar a este periódico al término de la misma que se sentía sorprendido por la cantidad de personas que habían llegado de Marín y especialmente satisfecho y agradecido por el signo de la visita que se le hacía.
Álvaro Rodríguez recordó muchos momentos de su destino en Marín y se interesó por personas y detalles de la vida marinense de los últimos años. Consideró que era un homenaje excesivo para lo que considera haber sido el cumplimiento de su misión y terminó rogándonos que transmitieramos un especial saludo a todos los marinenses asegurando que les tiene presentes en sus oraciones con mucha frecuencia.
La fiesta finalizó con un almuerzo celebrado en un restaurante de la zona en donde los asistentes compartieron la jornada con alegría retornando a Marín a primeras horas de la noche.
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