REDACCIÓN - PONTEVEDRA
La romería de San Benito de Invierno, en el monasterio de Lérez, se caracterizó ayer por la escasez de público, tanto en los actos religiosos como en los festivos. Pocos fieles se animaron a participar en la celebración, que cada año congrega a menos asistentes. Aunque escasos, los devotos de San Benito renovaron la tradición de entregar sus ofrendas al santo en forma de huevos y aceite, también alguna gallina.
El inusual buen tiempo pudo ser uno de los motivos para que muchos optasen por acercarse a las playas de la comarca, aunque el tiempo no fue tan cálido como auguraban las previsiones. La escasa asistencia al San Benito de Invierno se notó incluso en los principales momentos de la jornada festiva. A mediodía, y cuando ya se habían celebrado las principales misas del día, los oferentes apenas superaban la veintena.
Tras reconfortar el alma en las celebraciones religiosas, la carpa de una pulpería y numerosos puestos de rosquillas y otros dulces fortalecieron los cuerpos de los escasos asistentes a la fiesta.
En su acceso al templo, gran parte de los fieles se hicieron con estampitas y entregaron sus exvotos, fundamentalmente figuras de cera, delante de la primera de las imágenes votivas de San Benito.
Como es tradicional, entregaron también sus limosnas, para posteriormente pasar bajo el altar del santo, en una zona en la que también se quema el aceite que la mayoría de fieles recoge en sus propios recipientes. Al término de la jornada, los devotos despidieron la imagen del santo hasta dentro de tres meses, cuando se celebrará la romería de verano.