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C.G. - PONTEVEDRA Más allá del tráfico, la seguridad ciudadana y las multas, la Policía Local de Pontevedra desempeña a diario labores que conforman su faceta más desconocida. Son los denominados servicios humanitarios.
A lo largo del pasado año este tipo de actuaciones de socorro y atención al ciudadano han generado un total de 124 partes, sin embargo, desde la Policía Local indican que probablemente el número sea mayor con asistencias que los propios agentes han decidido no plasmar en un documento al considerarlas parte de su trabajo cotidiano.
Por su tipología, estas acciones humanitarias de los agentes municipales se podrían clasificar en cinco grandes grupos. El primero con aquellas relacionadas con el excesivo consumo de alcohol. En 2008 los policías locales prestaron un total de 27 asistencias a personas que se encontraron en problemas a causa de haber bebido más de la cuenta. Los casos más frecuentes se refieren a jóvenes, en muchos casos menores, que alcanzan el coma etílico a causa del consumo desmesurado de alcohol. Otro grupo de la población que también recibe numerosas asistencias por la ingesta de bebidas espirituosas son los mayores. En 2008 fueron varias las personas de cierta edad que aparecieron tendidas en la calle inconscientes y ebrias. Otro caso muy frecuente es el de los jóvenes a los que se les impide coger el coche cuando muestran síntomas evidentes de embriaguez. El año pasado un par de pontevedreses se salvaron así de ser denunciados y de poder tener un accidente grave al volante.
Un segundo grupo muy habitual de intervenciones, un total de 17, se refiere a asistencias domiciliarias y aperturas de viviendas de personas mayores. El tercero se refiere a asistencias en plena calle. Se registraron un total de 14. En su mayoría eran pacientes de algún geriátrico de la ciudad o de Montecelo que se fueron de las instalaciones sin consentimiento de las personas a su cargo. En otras ocasiones son personas con Alzheimer o alguna enfermedad. Es destacable el caso de una persona huida de Montecelo que apareció en medio de una finca en Mourente con síntomas de hipotermia y señales de haber pasado la noche a la intemperie el 27 de noviembre del pasado año. Otra mujer fue descubierta por los agentes un sábado de madrugada a las puertas de una entidad bancaria convencida de que era lunes por la mañana. El trabajo de la Policía Local consiste en estos casos en localizar a sus familiares o reintegrarles a los centros de los que se han fugado.
Numerosas intervenciones se refieren también a la asistencia a personas con trastornos psiquiátricos que también han huido de centros sanitarios. Algunos han sido localizados con la bata del hospital como único atuendo y la vía todavía conectada a su brazo.
Durmiendo en un andamio
En un grupo muy amplio y numeroso se podrían reunir otra serie de intervenciones inclasificables. Es el caso, por ejemplo, de dos jóvenes que fueron desalojados de las obras de rehabilitación de la Peregrina ya que se encontraban durmiendo encima de un andamio a una altura considerable con el consiguiendo peligro para su integridad física.
A los agentes municipales también les toca conocer situaciones realmente difíciles debido a su trabajo. Así, también abortaron varios intentos de suicidio o fueron los encargadas de llevar al hospital a un niño de apenas unos días de vida cuyo padre aseguraba que se encontraba deshidratado y precisaba atención urgente.
Rescates en el río y hasta en el cementerio
Otro tipo de servicios humanitarios habituales son los rescates, como el de un menor que se cayó a una zanja de tres metros de una obra el 27 de junio en Monte Porreiro, o el niño que se precipitó con su bicicleta a una zona escarpada del Lérez el 14 de junio. También hubo que auxiliar a un minusválido que se cayó con su silla de ruedas a Os Gafos. Otros “rescates” son los de personas que se quedan encerradas. Sólo la Policía Local sabe que los ciudadanos se pueden quedar atrapados en los lugares más inverosímiles. En la Casa Azul se quedaron encerradas varias personas, así como en pubs, comercios, restaurantes, garajes... Es muy común que haya que ir a retirar a algún ciudadano de las galerías de La Oliva una vez que estas se cierran. Sin embargo, uno de los casos más curiosos es el de una pareja de ancianos que quedó atrapada en el cementerio de San Mauro en marzo de 2008 pese a que una campana avisa del cierre de las instalaciones. De hecho no es la primera vez que sucede. En otra ocasión, los agentes tuvieron que liberar a un bebé de 8 meses que quedó encerrado en un coche. Fue necesario romper la ventanilla. Esto también ocurrió varias veces.
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