Mientras se produce la refriega política, unos doscientos vecinos de los pueblos más afectados por el fuego intentan recuperar la normalidad. Tras el caos vivido en O Barco el viernes, el desalojo afectó el sábado a las aldeas de A Veiga de Cascallá y O Barrio, mientras Castelo, Pardollán y Vilar de Xeos se mantenían en guardia a la espera de una posible evacuación.
Mercedes Bello López, de 60 años y vecina de A Veiga, asegura que todavía no ha conseguido dormir tranquila. La Guardia Civil llamó hasta tres veces a su puerta después de comer para que se marchasen pero ella se puso tan nerviosa que "no sabía lo que hacía, no me quería ir". Durante cuatro largas horas permaneció en el entorno de la iglesia con todos sus vecinos "viendo aquellas llamas gigantescas" y temiendo lo peor.
Poco después se produjo el desalojo de O Barrio, cuyos vecinos, que son muchos menos que en A Veiga, se trasladaron a Castelo, un pueblo cercano que también estuvo sitiado por las llamas.
En Pardollán y Vilar de Xeos vivieron la madrugada del domingo una de las peores noches de su historia con la Guardia Civil pidiéndoles que se mantuviesen en casa, pero sin dormir. Manolita de Pardollán cuenta que los jóvenes "cogieron los coches y se fueron a ayudar al hijo de Socorro, en Vilar de Xeos, que tuvo que sacar un rebaño de 400 ovejas y cabras y llevarlas para Quereño".
Esta vecina relata que sus nietos, de entre 4 y 12 años, todavía están inquietos por lo sucedido: "El mayor está preocupado por los daños en la naturaleza; esto es la ruina del país, no queda ni un castiñeiro".