S. DE LA FUENTE - OURENSE
Mil veces acusado de crear una red clientelar en la Diputación y de cambiar votos por puestos de trabajo, José Luis Baltar se fue ayer del que ha sido su centro de operaciones los últimos 22 años deshaciéndose en elogios hacia sus funcionarios a los que calificó de magníficos profesionales, competentes y capaces. "Nunca les pagaremos lo mucho que han hecho", dijo en su último alegato de defensa a su política de contratación.
Ellos, los trabajadores, acudieron ayer a su puesto de trabajo en silencio, apesadumbrados por la pérdida del que ha sido su patrón y un "padre". De hecho, a muchos los ha visto José Luis Baltar crecer y por eso cuando se despedía de ellos les enviaba también saludos para la familia: "Dale un abrazo a tu padre y dile que prepare el vino, que se lo voy a ir a probar".
Para no eternizar su marcha, Baltar pidió a su prole que se reuniese a las 14 horas en el pasillo, frente a su despacho. Pero eran tantos que llenaron el pasillo y la doble escalera de subida y de bajada. Exhausto pero firme, inició un desfile de besos, abrazos y lágrimas en el que no quedó nadie por saludar. Para no subir y después bajar, el patrón se quedó al pie de la escalera mientras sus funcionarios bajaban en fila para despedirle. "Venid vosotros aquí, que a mi no me volvéis a cazar. Venga, venga, muchas gracias", los fue despachando cariñosamente.
Pero entre tanta carga de emoción, Baltar no perdió ni una pizca de su perspicacia para darse cuenta de que alguna funcionaria quería repetir, mientras que otra se le escapaba: "Aun me queda una por besar, tú no te me escapas", le dijo a una de las trabajadoras que pretendía pasar desapercibida en su saludo al mediático expresidente. "No voy a controlar yo al personal", dijo entre risas.
Con vítores al "¡presidente!", los funcionarios acompañaron a Baltar hasta la calle para despedirle cuando abandonó la Diputación de forma definitiva, ya sin coche oficial.