J.FRAIZ - OURENSE
Ourense es una provincia incandescente sepultada en una bruma de ceniza y humo, un territorio a expensas de la meteorología y el fuego. Los incendios son la amenaza a las puertas de varias aldeas y están arrasando importantes enclaves de elevado valor ambiental. Medio centenar de fuegos permanecían activos a las 22 horas de ayer en la antesala de una nueva madrugada sin dormir, de impotencia, rabia y tensión entre vecinos en la catastrófica rutina de la provincia durante el mes de octubre. En Maceda hubo alerta 1 y desalojos. Lobios, Porqueira, Baltar o Parada do Sil también sufrieron. Han ardido –como mínimo, porque brigadistas y forestales multiplican los datos– 5.200 hectáreas en los principales frentes registrados desde el viernes. En un fin de semana voraz, las llamas han destrozado más de la mitad del terreno esquilmado en 2010.
Cien kilómetros en una línea imaginaria hacia el este, desde Esgos hasta A Gudiña o Viana, sufren la lacerante marca de múltiples frentes que, en pleno Macizo Central, han alcanzado magnitudes desorbitadas. La Xunta, que primero cifró en apenas 100 hectáreas los efectos del fuego en Manzaneda, admite ya que han ardido 1.460 hectáreas entre este municipio y el de Vilariño de Conso. Quienes afrontan la extinción elevan a 3.500 la superficie total arrasada en un territorio de difícil acceso, terreno muy seco y próximo al parque de O Invernadeiro. No ha contenido el avance implacable de este gran frente el cortafuegos de unas 500 hectáreas que se puso en marcha el domingo, una estrategia que se continuará aplicando pese a la dificultad añadida del viento, con rachas cambiantes que desplazan la línea del incendio.
Una cordillera de fuego y extraordinarias columnas de humo eran visibles ayer desde las tierras de Maceda. La magnitud de la neblina incendiaria aquí y en otros puntos afectados de Ourense, dificultó sobremanera las tareas de extinción e incluso impidió volar a varios medios aéreos.
La UME se multiplica
El estado de emergencia en Ourense y la falta de medios de la Xunta han obligado a la Unidad Militar de Emergencias (UME) a duplicar sus presencia en la provincia. Un total de 700 efectivos suman su apoyo al operativo equipados con más de un centenar de vehículos. A esto habría que sumar el desplazamiento de medios aéreos estatales desde Salamanca, Murcia, Huesca, Cádiz o Madrid o Valencia. Los militares intervienen en el Macizo Central, actuando otras dotaciones en Maceda, en Viana do Bolo –han ardido 400 hectáreas– en A Peroxa, con un desolador paisaje de 200 hectáreas quemadas tras un nuevo rebrote sufrido ayer. En A Gudiña hay un incendio activo de 150 hectáreas, Riós sufre otro frente de 200 hectáreas, hay uno de 228 en Avión, y varios frentes que suman 1.050 hectáreas en Maceda, donde la tensión fue máxima durante la pasada madrugada, y se echaron falta más medios. Había hasta nueve focos distintos según el alcalde, Xabier Oviedo (BNG), que lamentaba ayer apesadumbrado haber perdido "toda la superficie de ganadería. Toda la sierra está calcinada". Cálculos del sector forestal hablan de 22 kilómetros cuadrados de monte afectados.
En la misma senda geográfica, han ardido 150 hectáreas en Esgos poniendo en peligro pueblos como el Lampazas, y Montederramo, con 200 hectáreas pasto del fuego. Además, según datos de la consellería de Medio Rural, ardieron 40 hectáreas en Melón, más de 20 en el municipio de Padrenda y se dio por controlado un foco en O Bolo que afectó a un centenar. Otro foco en Pereiro de Aguiar devastó 40 hectáreas de monte raso. En Vilamarín, los vecinos han visto arder cerca de la mitad del territorio forestal del municipio tras atacar las llamas con una única motobomba.
Por contra, ayer se apaciguaba el incendio del Xurés que tuvo dimensiones infernales tras llegar de Portugal, y que ha dañado la reserva integral así como la biodiversidad de flora y fauna. El fuego ha quemado 1.000 hectáreas, según la Xunta, y unas 3.000, rebate la CIG. El fuego también recaló en Rairiz de Veiga, igualmente Reserva de la Biosfera y zona especial de protección para aves.
Además, las llamas prendieron en territorio de la Serra do Larouco en A Boullosa, Baltar, procedentes de Portugal, y comprometieron la seguridad de varias aldeas al igual que otro frente con recorrido entre Muíños y Porqueira. Con el crepúsculo, el panorama tendía a peor. Los 34 fuegos activos a las cinco de la tarde eran ya 46 a las diez de ayer.