NATALIA UMPIÉRREZ - OURENSE
El calor que ya amenazaba desde primeras horas de la mañana la ciudad no ha frenado a cientos de ourensanos a probar suerte en el primer día de rebajas. Los más madrugadores aprovecharon los agradecidos 25 grados de la mañana de ayer para inaugurar la campaña de verano que llega más ansias que nunca.
Las puertas de grandes y pequeños comercios se abrieron con la esperanza de que se cumplan o se superen las expectativas que auguran un gasto medio de 80 euros por cada ourensano. Una cifra que bajó casi a la mitad con respecto al pasado año. Y es que si algo se lleva este año, aparte de las faldas con volantes y las sandalias romanas, eso son los cinturones bien apretados. La reducción salarial de los funcionarios sumada al aumento del IVA prevén la que podemos llamar "crisis de probadores". Los comerciantes, no obstante, se muestran optimistas y creen que las recién inauguradas rebajas podrán poner fin a una temporada no muy regular.
El presidente de la Federación Provincial de Comercio, Aurelio Gómez Villar, apunta que el inicio de esta campaña "está resultando según se preveía pero habrá que esperar un mes para hacer balance en base a las estadísticas". Lo que está claro es que las rebajas ya no son lo que eran y que lejos de los empujones, los consumidores esperan la llegada de nuevos artículos que se van ofreciendo de forma fraccionada.
Aurelio Gómez Villar recuerda que "ya viene de muy antiguo la reivindicación de un comienzo de las rebajas más tardío. Según el presidente de la federación "quince días bastarían para que los comerciantes ourensanos pudiesen sacar partido al previo de las rebaja, el clima de nuestra región es el principal factor que justifica esta petición, pero la Dirección Xeral de Comercio no accede ya que se teme la huida de consumidores a las provincias limítrofes".
Villar considera además que el comercio provincial también se ve perjudicado por las políticas de descuento muy agresivas que llevan a cabo algunas cadenas y franquicias.
Según avanza el día, el gran pelotón de consumidores se refugia allá donde corre el aire. En centro comercial Ponte Vella, donde comprobamos enseguida que hay algo que nunca cambia. Sólo un vistazo desde la entrada de cualquiera de los establecimientos basta para ver montañas de ropa apilada. Las buenas costumbres nunca fallan y la ropa pasa de mano en mano con más ligereza que el nuevo balón del Mundial de Sudáfrica.