M.J.A. - OURENSE
El heredero de María Vázquez Covela, la mujer de cuyo patrimonio se apropio de forma indebida la Fundación San Rosendo, en uno de cuyos centros asistenciales estaba ingresada, hechos por los que ya fue condenado a pena de cárcel e inhabilitación el presidente de esa Fundación, el sacerdote Benigno Moure, va a presentar en breve un acto de conciliación en el juzgado, para intentar recuperar por la vía civil más de setenta fincas, un piso, una casa, ahora en ruinas y otros bienes que el sacerdote vendió de forma ilegal a particulares.
Los casi 600.000 euros en metálico desviados de las cuentas de la anciana a las de la fundación ya fueron devueltos (quedan los flecos de los intereses de demora) al sobrino y único heredero, César Vázquez que fue quien inició en 2004 este litigio.
Así que lo que el heredero busca ahora con este acto de conciliación, es en primera instancia, la devolución de forma dialogada del patrimonio inmobiliario, integrado por un piso en O Carballiño; una casa noble, ahora en ruinas en Lebosende (Leiro) fincas y viñas que fueron vendidas a cuatro particulares por precios "muy inferiores al de mercado", señala.
Entre los bienes que se reclaman están un hórreo que fue trasladado de la casa vendida y una pía de piedra que el sobrino reclama al propio Benigno Moure, "pues estaban adornado el balneario de Arnoia que es propiedad de la fundación .
Según Marta Soto, letrada de la acusación, presentar un acto de conciliación "no es obligatorio en este tipo de procesos, pero nosotros lo hacemos así en un gesto de buena voluntad, para notificar a las partes, tanto la fundación como a las personas que le compraron a ésta los bienes, nuestra intención de recuperarlos".
Este trámite de conciliación se presentará en los juzgados de Ourense y O Carballiño. En el de Ourense, por ser aquí donde se tramitó la denuncia que culminó con el juicio y posterior sentencia condenatoria de Benigno Moure a las penas de cárcel e inhabilitación por apropiación indebida y continuada del patrimonio de la mujer y de su marido, Edelmiro Nogueira,y en el juzgado de O Carballiño, por ser el municipio donde tenía la mujer fijada su residencia, y donde estaban las las casas y bienes que fueron vendidos.