JAVIER FRAIZ - OURENSE
Laza amanece con ortodoxia y trata de minimizar lo que se espera de un lunes del Entroido más ancestral y vernáculo de Galicia. Están protegidas, como las construcciones apuntaladas en las horas previas a un huracán, todas las viviendas de dos alturas de la Praza da Picota, el centro neurálgico de la arista primigenia, auténtica y rural en el triángulo del carnaval ourensano. En Laza no amenaza precipitación o, al menos, la meteorología no condiciona los planes. -Anuncian temporal de barro, harina y hormigas, y una pasión encarnizada de la que ayer disfrutaron más de 6.000 personas, entre propios y extraños curiosos con esta manera única de honrar a Don Carnal.
Al combate de farrapos cargados de barro se apuntaron 250 personas enroladas en ningún bando. En esta disputa no había estrategia de batalla más allá de la necesidad de procurarse unos farrapos bien empapados en cieno con los que inaugurar el día grande del carnaval y "un rito de purificación de los cuerpos al igual que hacían antes de la batalla los antiguos guerreros", apunta el alcalde José Ángel García Morais.
En esta ceremonia, los tercios intercambiaron proyectiles a discreción. El respeto se aloja exclusivamente en el Peliqueiro, la máscara del carnaval de Laza y prácticamente una deidad que, a la mínima insolencia, responde proporcionalmente con su zamarra. De haber cuentas pendientes, el combate tenía la prohibición de no poder marcarle la cara a los demás contendientes. Los farrapos, dirigidos del cuello para abajo.
Tras la farrapada, Laza recordó las rutas ancestrales de la Galicia de la trashumancia, aludiendo a quienes pasaban por este valle al pie de la Serra do Invernadoiro con destino a Castilla León. La "Xitanada dos Burros" dispuso una procesión de estos animales montados por parejas de jóvenes, que recorrieron las calles de Laza y Souteliño al ritmo de música popular y de charanga, cantos y bailes.
Entroidus interruptus sólo para comer, porque la tarde de ayer fue, como ya es costumbre, el momento de mayor afluencia de personas en el calendario del carnaval de Laza. Más de 6.000 personas participaron de la presencia de A Morena: un hombre transfigurado en vaca que, asimila el instinto animal y pone en práctica los impulsos del varón: el personaje anónimo trata de levantar la falda a las mujeres que encuentra en el camino entre Cima de Vila y la Praza da Picota.
Entre el tono mordaz, el ritual continúa en Laza tirando de los abributos de la tierra. Una malladora de harina dispone un manto en el que aterrizan centenares de las temidas formigas recogidas en los hormigoneros de Cima de Vila. Son el azote del carnaval y, a veces acompañadas de tierra y vinagre, sacian su carácter voraz en la Picota, como contrapunto del mandato frugal que traerá desde el miércoles la Cuaresma.