V. RODRÍGUEZ - OURENSE
Toda una fiesta con guión escrito y partitura por interpretar. El Entroido recorre toda la provincia de Ourense, aunque tiene su epicentro festivo en las localidades de Xinzo, Verín y Laza, que conforman ese singular “triángulo mágico”, en el que las “pantallas”, los “cigarróns” y “peliqueiros”, se convierten en los principales protagonistas.
Ayer fue el domingo corredoiro, antesala de ese festín de disfraces, y en la tierra de A Limia hicieron acto de presencia las primeras “pantallas” con esa careta que le distingue y con un traje que combina el blanco y el rojo con el que recorren las calles al ritmo del golpeo de las “binchas” que llevan en ambas manos.
Los que también se concentraron en la plaza del Concello de Verín fueron los “cigarróns”, aunque la afluencia será masiva en los días grandes que están por llegar y que convierten a esta villa ourensana en lugar de visita obligada para disfrutar del Entroido.
Al igual que las “pantallas”, los “cigarróns”, en su primera aparición, dejaron su tarjeta de visita: mucho ruido y el restallar de látigos purificadores dedicado a todos aquellos “infieles” que se encuentran por el camino.
En Xinzo, la presencia del “Meco” en la plaza mayor, después de que fuese colgado en la noche del sábado después de la procesión –en la que no faltaron las vestimentas elaboradas con paja–, se convirtió en todo un símbolo festivo. Por las calles circulaban los más variopintos disfraces, algunos de lo más creativos y con ese colorido que acaba por enganchar a los muchos visitantes que acudieron y los que están por llegar.
Animación en la calle
Y aunque el día de ayer no estaba para muchas alegrías meteorológicas, con mucho nubarrón y alguna que otra agua traicionera, la gente en Xinzo y Verín animó las calles con esa necesidad de vivir intensamente el Entroido, superando incluso el cansancio de haber trasnochado con el colgamiento del “Meco”, que se prolongó.
Sin la identificación de ayer, según marca la tradición, era el corredoiro, en otras zonas de la provincia las “olas” –vasijas de barro– fueron las protagonistas, como ocurrió en Ribadavia o Boborás.
Los que también se apuntaron a la fiesta fueron los vecinos de Eiroás, un barrio de la capital que se encuentra a las afueras y que cuenta con su propio personaje festivo: A Pita.
Fueron precisamente varias “pitas” –de traje negro con detalles multicolores en diferentes partes y su máscara recuperada hace ya unos años– las encargadas de trasladar, en una singular carrilana, las “olas” con dibujos alegóricos del Entroido, y que a muchos daba pena que se terminaran por estrellar contra el suelo después de los sucesivos lanzamientos entre algunas de las personas que se sumaron a la fiesta.
Pero así está escrito, y no se puede cambiar un guión que se viene cumpliendo desde años inmemoriales. La tradición es la tradición y se debe respetar. Es por eso que ya se preparan para nuevas jornadas de “troula” y desenfreno carnavalero que también llegará a las calles de la capital ourensana, que quiere colocar al Entroido como reclamo turístico.