JAVIER FRAIZ - OURENSE
Las crónicas se ajustan al mismo esquema: relatan la intranquilidad y preocupación de los familiares, recogen de manera automática y testimonial las sospechas de algunos vecinos que se escaman con la presencia de un fuerte olor, y señalan al hallazgo de una persona que había muerto en su domicilio varios días antes de que sus conocidos o allegados conozcan el desenlace. Durante el último año, veintidós de los fallecidos en la provincia de Ourense fueron encontrados en su casa más de 36 horas después de morir, según los datos forenses que custodia el Instituto de Medicina Legal (Imelga).
Las pruebas de autopsia desprenden las últimas instantáneas de la vida de estas personas. Dieciséis de estos ourensanos perdieron la vida por causas naturales o a consecuencia de las enfermedades que arrastraban con carácter crónico. Un total de tres murió de forma accidental, mientras que dos de los decesos corresponden a dos personas que cometieron actos suicidas.
Hay un caso especialmente trágico que supone una salvedad. El Instituto de Medicina Legal incluye en el registro de óbitos la muerte violenta de María Socorro da Silva, que estuvo en paradero desconocido durante 15 días, hasta el 26 de febrero del año pasado. Su cuerpo, a pesar de todo, no fue localizado en un domicilio sino en las inmediaciones del embalse de Cabanelas (O Carballiño), donde su presunto asesino decidió abandonarla.
Una población envejecida
Quienes perdieron la vida en su domicilio y no fueron encontrados hasta varios días después se ajustan al perfil de un varón de avanzada edad (12 de los 22 fallecidos tenía más de 70 años) que reside en la zona más rural de la provincia y habitualmente en soledad.
Ourense cuenta con la demografía más envejecida de España (el 28,6% de sus habitantes está en edad de jubilación), y con un colectivo expuesto a poder fallecer sin compañía: en total, más de 25.000 ourensanos mayores de 65 años viven solos en sus domicilios, alcanzando al 27% de la población de Ourense en edad avanzada.
Lejos queda la realidad estadística que en la provincia fija una media de 2,45 personas en cada hogar; mayor distancia aún con la que indica que el 12,25% de los ourensanos comparte vivienda con 4 o más personas.
El envejecimiento de los habitantes ourensanos coincide con el porcentaje de domicilios unipersonales, uno de cada cuatro en total.
Las muertes que tardan en conocerse afectaron, sobre todo, a los hombres. A pesar de que las mujeres son mayoría en la edad de senectud, dieciséis de los levantamientos de cadáveres correspondieron a varones que residían en núcleos con menos de 10.000 habitantes, lo que engloba a los 92 concellos de la provincia de Ourense exceptuando a O Barco de Valdeorras, Verín, Xinzo de Limia, O Carballiño y la capital.
Localizado tras varios meses
Al menos hubo un plazo post mortem de 36 horas antes de que los agentes de Policía Nacional o de la Guardia Civil localizaran el cadáver de estas 22 personas. La determinación de la hora de la muerte es una tarea de precisión que fijaron los forenses. En algunos casos, confirmaron el óbito tras varios meses desde que se había producido el fallecimiento.
Tres ourensanos aparecieron sin vida en su casa 36 horas después del deceso. Otras cinco personas habían perdido la vida 48 horas antes, según los análisis médicos, de ser encontrados difuntos.
En un total de ocho casos, las pruebas forenses revelaron que el fallecimiento se había producido entre 2 y 4 días previos al hallazgo del cuerpo. A partir de esta fecha, la muerte comienza a hacerse más evidente, especialmente en los vecindarios. El cuerpo avanza en su estado de descomposición y el olor suele activar las sospechas de los moradores más cercanos.
Sin embargo, llegaron a transcurrir hasta 45 días y 2 meses en dos muertes en domicilio producidas durante 2009, sin que tuviera lugar la localización del cadáver.
Las relaciones con el entorno más cercano y el grado de dependencia que presenten estas personas, deciden los plazos en que la muerte se hace pública.