Juan Manuel Jiménez Morán

Una espera muy larga

El PP "histórico" espera recuperar el poder que Manuel Fraga le ordenó entregar

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JAVIER SÁNCHEZ DE DIOS - SANTIAGO A estas alturas, cuando ya sólo faltan unos días para el congreso que ha de determinar el futuro del PP de Ourense –y no pocos creen que condicionar también el de Galicia– está sin resolver una incógnita: por qué Juan Manuel Jiménez Morán aceptó encabezar el intento de impedir que José Luis Baltar lo dejase todo atado y bien atado cara al futuro. Quizá la respuesta –que el propio interesado no quiso aportar del todo, limitándose a explicar detalles– importe menos que el hecho mismo, y a estas alturas no tenga demasiado sentido reclamarla, pero no obstante queda ahí porque es posible que se vuelva sobre ella desde el domingo próximo.
Quienes mejor conocen el complicado mundo de la política ourensana señalan que Jiménez reúne algunas de las condiciones sine qua non para la difícil tarea de cambiar las cosas en el PP. La primera, que es alcalde –y de una de las villas más pobladas de cuantas gobiernan los populares–, y los alcaldes allí, aún más que en el resto de Galicia, son un poder clave. La segunda, que no era un enemigo declarado de José Luis Baltar Pumar, aunque sí se conocía la nula simpatía que siente por su hijo. La tercera, en fin, que entre los que reunían condiciones sólo él se presentó voluntario; otros, como Manuel Cabezas como referencia, dudaron o nunca dieron un sí incondicional.
En todo caso, hay que tener en cuenta otro dato. La candidatura alternativa significa la oportunidad de poner fin a una larga espera, a una etapa en la que muchos en el PP de hoy, como otros en la anterior Alianza Popular siempre esperaron revancha por la rendición ante los Centristas a la que les obligó Manuel Fraga en aras de la "mayoría natural". Desde Jaime Tejada hasta Tomás Pérez Vidal vieron cómo el aparato político creado por Eulogio Gomez Franqueira en la UCD crecía y era rival de referencia con Victorino Núñez. Y fue rival a batir para ellos, y lo batieron: le ganaron las elecciones de 1991, pero tuvieron que cederle el poder, el político, el social y el económico, por orden de Fraga.
Desde entonces, con José Luis Baltar presente en Ourense en lugar de un Victorino Núñez que quiso jugar sus bazas en Santiago y por poco termina su carrera como embajador en Buenos Aires, el baltarianismo fue una especie de movimiento nacional/provincial que no dejó resquicio para otros poderes que el de su presidente y que como el otro, el Nacional, formó a sus propios cuadros a partir de sus hijos. Nadie de los que querían ser algo allí en política, podía lograrlo fuera de la estructura. Y por eso ahora, como antaño en España, todos los que quieren cambiar al líder son sus hijos, naturales o políticos.
La oportunidad para la revancha llegó con Alberto Núñez Feijóo. Primero en el partido, el sucesor de Manuel Fraga llevó adelante una reforma escalonada. Se aseguró la lealtad de los barones, cuyo peso podría significar un problema -Louzán en Pontevedra y Barreiro en Lugo-, "creó" el suyo en A Coruña con Carlos Negreira y dejó para más tarde el relevo de Baltar -de quien nunca se fio del todo- en Ourense. Sabía que el mejor modo de afrontar el cambio era desde la Xunta y midiendo bien los tiempos y eligiendo bien las personas, y así lo hizo, dejando claro que aceptaría otro mandato de Baltar Pumar por razones de coyuntura, pero no más. Entonces creo su equipo y se puso a ello.
Las personas fueron Rogelio González, a quien nombró delegado provincial de la Xunta en Ourense y desde Santiago Alfonso Rueda quienes conectaron bien con el núcleo duro de la oposición a Baltar -Ojea, Inmaculada Rodríguez, Jacobo Orellana, Asunción Soto y varios otros- e iniciaron la organiozación de la alternativa. Antes hubo intentos, como el fallido de Carrera a la cabeza de la lista autonómica, pero después optaron por acudir a las bases disconformes antes que a las antiguas referencias, y así han conseguido victorias en la designación de compromisarios en la capital y villas medias y recortan distancias en las apuestas cara al congreso, aunque siguen por detrás.
Su gran baza es, no obstante, Alberto Núñez Feijóo, que ha jugado en público con una cierta ambigüedad pero del que todos suponen un apoyo a la alternativa provincial. Pero con prudencia. No quiere que se haga realidad aquello que le dijo telefónicamente Baltar Pumar hace poco más de un mes, en diciembre: "si o meu fillo perde, perdo eu, pero si gaña, perdes ti".

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