REDACCIÓN - OURENSE
Xesús Alonso Montero reconoce que los ourensanos, "tristemente, están bien representados en este volumen". En primer lugar, aparecen cuatro cartas de Alexandre Bóveda, que nació en Ourense, "a pesar de que mucha gente lo vincula con Pontevedra", la ciudad en la que ejerció como inspector de Hacienda, fijó su residencia y nacieron sus hijos. Montero recuerda que la última hija nació tras su ejecución, realizada el 17 de agosto de 1936.
Bóveda escribe ocho minutos antes de su ejecución una de las cartas que remite a su mujer, por lo que resulta "extraordinariamente dramática y reveladora". Explica que sus últimos instantes serán "para rezar, como si estuviera su esposa, Amalia, a su lado". Eso demuestra que el aparato represivo del franquismo "no se apiada ni siquiera de las personas como Alexandre Bóveda, que eran políticamente conservadoras y profundamente religiosas".
Los demás ourensanos que aparecen referenciados en el libro eran de la provincia. José Germán Fernández, natural de Ribadavia, en aquel momento ejercía como concejal en Santiago, en la corporación que presidía Ánxel Casal, que fue paseado unos días más tarde. También mataron al alcalde de O Barco de Valdeorras, Abdón Blanco, al vecino de una aldea de A Rúa, Marcelino Fernández Prada, a Eladio Rodríguez de San Miguel de Outeiro y al maestro comunista de Maceda José Gómez Gayoso.
Gómez Gayoso luchó en la Guerra Civil a favor de la República. Residió un año en la Unión Soviética, donde coincidió con Castelao en 1938. Regresó, para luchar de nuevo en la Guerra Civil, de donde pasó a un campo de concentración a Francia. Posteriormente se marchó para Cuba, donde el PC le confió la dirección de la referida formación política en Galicia, cuando dirigía la guerrilla en esta zona Antonio Seoane. "Son las últimas cartas, que resultan más estremecedoras, porque le había ocultado el destino a su mujer".
Gómez Gayoso explica a su mujer en la carta que había entrado en la comisaría con 75 kilos y salió un mes después con 30 kilos menos, como consecuencia de las torturas. Y resalta que casi no puede escribir, porque una de las torturas había consistido en que le arrancaron las uñas.
Curiosamente, de las 120 cartas, sólo están escritas en lengua gallega cuatro.