JAVIER FRAIZ - OURENSE
El folk gallego anida desde 1978 en Milladoiro y el grupo coruñés, durante más de 30 años, lo ha compensado en forma de canción. Para revivir la esencia del sonido Milladoiro en el aniversario de publicación de su disco debut, "A Galicia de Maeloc" (1979), la formación al completo, incluidos los siete miembros fundacionales, ofreció ayer en Ourense buena parte de las composiciones que hicieron trascender la música tradicional gallega a otros lugares fértiles para el celtismo como Bretaña, Irlanda o Escocia.
"Non hai grupo no mundo que poida reunir a todos os membros fundadores despois de 30 anos, porque non é habitual que despois de eses 30 anos siga habendo cariño e cordialidade para facelo", dice Antón Seoane, acordeonista y guitarrista de Milladoiro, instantes antes de probar volúmenes con unos compañeros que se ajustan a la escena, de memoria. Cómplices a pesar de algún parón como el de Rodrigo Romaní, ausente del grupo desde 2000; o intermitencias en el caso de la violinista Laura Quintillán.
"Temos o son Milladoiro no código xenético, está aprendido aínda que estivéramos tempo sen traballar xuntos". La armonía musical se remonta al periodo de constitución del grupo, en el que según explica Seoane "confluímos persoas de 22, 23 e 24 anos da Galicia de entonces que sabiamos moito de todas as clases de música. Simplemente estabamos no mundo, non demos con ningunha tecla de casualidade".
Con el engranaje formado, "con un disco perfecto de comezo do que, a día de hoxe, ata subscribimos as mezclas", se inició el recorrido que hasta el momento eleva la discografía de Milladoiro hasta los 23 títulos. Bagaje creativo que no desluce las prestaciones del grupo en directo.
Sus actuaciones traspasan, además, las fronteras de Galicia, cuyo sonido comenzaron a exportar desde 1979. El 15 de mayo de ese año, ofrecían su primer concierto en el Colegio Salesianos de A Coruña. "Cando subiamos pola escaleira cara ó escenario, pensamos que iamos durar tres meses porque o que presentabamos era moi novedoso". La acogida desbordó, enseguida, las previsiones del grupo que, a la vuelta de aquel verano, cautivaba en Lorient, capital mundial de la música celta.
Las giras los han llevado a Estados Unidos, Latinoamérica, Centroeuropa y Japón, "donde chegaba a xente para levar autografiados os seus vinilos", recuerda Seoane sorprendido.
Con la humildad y la cabeza fría, Milladoiro piensa en alargar su historia, aunque sin histrionismos. "Sempre imos ser moi consecuentes coa sonoridade do grupo, co afecto a Galicia e coa maneira de concebir os arranxos", promete Seoane.