SOFÍA LÓPEZ - OURENSE
Los forenses de Ourense que procedieron al levantamiento del cadáver y posterior autopsia de Aurora Da Cunha aseguraron ayer, y así lo corroboraron sus compañeros del Instituto de Toxicología de Madrid, que la víctima, sin ningún tipo de duda, murió estrangulada y que su agresor necesitó ayudarse de las dos manos y ejercitar una elevada presión en el cuello de la mujer durante un determinado tiempo para provocarle la muerte. Así, descartan por completo que el fallecimiento se hubiese producido de forma accidental o suicida.
De este modo, desmontaban la teoría del acusado, que insistió en todo momento en que "sólo utilicé una mano para cogerle el cuello, porque con la otra, la estaba registrando para encontrar la cartera". Sin embargo, los forenses puntualizaron que para provocarle la muerte con una mano sola, tendría que ser un miembro de grandes dimensiones y un cuello muy pequeño, no siendo éste el caso.
Por su parte, el equipo de psicólogos que elaboró diversos informes tras varias entrevistas con el acusado, dos años después de los hechos, coincidieron en señalar que es un hombre frío, calculador, agresivo debido a su adicción al alcohol y sádico. Además, añadieron que tiene una inteligencia superior a la media, que puede controlar sus impulsos perfectamente si así lo desea, y que distingue sin ningún dudas el bien del mal.
Aunque coincidieron también en concluir que Antonio Gali tiene una personalidad marcada por una infancia difícil, al quedarse huérfano muy pequeño, insistieron en que siempre fue claro, conciso y espontáneo en sus manifestaciones y que aunque siempre sostuvo que la muerte de Aurora fue un accidente, nunca mostró arrepentimiento alguno y tampoco jamás se consideró responsable de los hechos ocurridos.