SOFÍA LÓPEZ - OURENSE
La Audiencia Provincial de Ourense acoge desde ayer el juicio contra Antonio Gali Balaguer, acusado de la muerte en Listanco (Maside) de Aurora Da Cunha, una mujer que ejercía la prostitución y de la que solicitó sus servicios la noche de autos, el 21 de noviembre de 2005. La fiscal solicita la pena de 15 años de cárcel por homicidio, mientras que la acusación particular califica los hechos de asesinato y pide 20 años de prisión. La defensa, la libre absolución y un jurado popular, será el que dicte veredicto en la jornada de hoy.
En la vista de ayer, el acusado, que ya cumplió condena por dos asesinatos, declaró que "la agarré por el cuello para recuperar mi cartera porque me la había robado, pero no creí que la hubiera matado. Esta desgracia fue un accidente". Antonio Gali relató con absoluta serenidad lo que a su juicio, ocurrió aquella noche. "Fui a la Alameda de Ourense a buscar una prostituta y al pasar con el coche Aurora me llamó. Me pidió 100 euros pero pactamos 70 euros. Se subió al coche y se los di".
Contó al jurado popular y a las partes que estuvieron tomando copas en locales de la capital, y que ella, en varias ocasiones, consumió ansiolíticos. Pasadas unas horas, dijo, decidieron ir al motel Caribe, en Punxín, para mantener relaciones sexuales.
"Al llegar me bajé del coche y cogí la chaqueta, pero me faltaba la cartera. Volví al vehículo y no la encontró y entonces le dije que la tenía que tener ella, que allí sólo estábamos los dos, pero en ningún momento discutimos".
Según el testimonio del acusado, arrancó el coche y la engañó, diciéndole que iban hasta Carballiño a buscar dinero, "pero mi intención era llevarla al cuartel de la Guardia Civil". En ese momento, añadió, "ella se puso nerviosa y me dijo que quería volver a Ourense. Me agarró el volante y empezó a manotazos, y tuve que desviarme hacia un camino".
Antonio Gali bajó del coche y se dirigió a ella, que estaba en el asiento del copiloto. Tenía la cartera guardada dentro del pantalón, entre las piernas. Le agarré las manos y me daba patadas, arañazos y me mordió. Le puse la mano en la cara, en el pecho y la empujé contra el asiento. La agarré por el cuello, recuperé la cartera y la solté. Se desvaneció y pensé que sólo se desmayara".
"La dejé sentada y me fui"
Antonio Gali insistió en que "yo estaba borracho y no pensé que estaba muerta y como ella me quiso fastidiar a mí, la llevé hasta una piedra y la dejé allí sentada, creyendo que reaccionaría pronto. Me fui a Ourense y seguí de copas y me enteré dos días después, por la prensa, que la habían encontrado muerta".