SOFÍA LÓPEZ - OURENSE
El fiscal Carlos Valenzuela necesitó escuchar ayer en la Audiencia Provincial de Ourense cinco horas de declaraciones para retirar la petición de pena de cuatro años de cárcel para una mujer de Verín a la que inicialmente acusaba de falsedad en documento privado, concretamente por pensar que había falsificado una firma de un documento bancario para apropiarse, junto a Leonardo, su padre, que falleció en 2004, de 180.000 euros de un hombre portugués, que también ha muerto.
“Aunque los peritos han declarado que la firma es falsa, no se puede acreditar que la haya hecho María del Carmen y por lo tanto, solicito su absolución al estar convencido de que el dinero era de su padre, y no del vecino de Chaves cuya mujer interpuso la denuncia”, explicó Carlos Valenzuela en su exposición de las conclusiones.
En el banquillo de los imputados se sentó junto a María del Carmen Fernández Iglesias, el director del Banco Santander en Verín cuando comenzaron los problemas, en 2002. Aunque el fiscal no presentó acusación contra José Antonio Álvarez Fernández, sí lo hizo la abogada particular, que pidió para él cinco años de cárcel y para ella cuatro.
La acusada relató ayer en la sala de la Audiencia que su padre, que regentaba una tienda en Verín “en la que se vendía un poco de todo y hacía mercado con el país vecino de Portugal”, ingresaba el dinero que ganaba desde los años 80 en cuentas bancarias a nombre de Humberto Alves y Benjamín Barros. “Fueron sus hombres de confianza durante toda la vida, porque Humberto era de una familia muy pobre y lo acogimos en nuestra casa”.
Recomendación del director
Explicó que el hecho de que el dinero estuviese en las cuentas de los anteriores se debía a las recomendaciones que le daba entonces director del Santander y también acusado. “Humberto y Benjamín se fueron a vivir a Francia y el director le dijo a mi padre que ingresara sus ganancias en sus cuentas para obtener así beneficios fiscales y mayores intereses”.
Sin embargo, en el año 2002 y con motivo de la nueva legislación para evitar evasión de capitales en el extranjero, “el director nos dijo que teníamos que poner las cuentas a nuestro nombre, porque el dinero era nuestro. Mi padre les pidió a Humberto y a Benjamín que les firmara un documento que elaboró el banco para ser nosotros los titulares de las cuentas y ellos accedieron a firmar, en una reunión que mantuvimos en Francia en enero de 2003”. Además, añadió María del Carmen, “mi padre empezó a sospechar de que Humberto, que padecía un cáncer terminal y estaba endeudado, quisiera quedarse con nuestro patrimonio y por eso le insistió en que firmara”.
El ex director del Santander en Verín declaró ayer que su cliente habitual fue siempre el padre de la acusada, que operaba en la cuentas siempre que lo necesitaba y que no conocía de nada a Humberto. “Cuando vino a la oficina para reclamar el dinero le dijimos que tenía que traernos documentación para acreditar quién era y que los 180.000 euros eran suyos, ya que a pesar de que las cuentas estaban a su nombre, él no las tocaba para nada”.
Manifestó además que “le pedimos a Humberto un poder notarial pero no lo presentó y por eso elaboramos el documento que finalmente firmaron todos y pusimos las cuentas a titularidad de la acusada y su padre, que eran los dueños del dinero”.
Cuando murió su marido
En calidad de testigo en el juicio de ayer compareció Ana Fernanda Gomes Dacosta, viuda de Humberto, que denunció los hechos después de su muerte. “Mi marido era pedrero y ganaba mucho dinero, pero siempre se lo daba a Leonardo para que se lo ingresara en Verín y dispusiese de él. Además, Leonardo le decía que era mejor para él porque el franco estaba muy bajo en aquel entonces”.
Su marido cayó enfermo de cáncer en 2002 cuando ya vivían en Francia. “Humberto no firmó ningún documento bancario para que Leonardo y su hija pasaran a ser los titulares de las cuentas”, negando así que las firmas que se le mostraron ayer en el plenario, perteneciesen al fallecido, una versión que coincidió con la del hijo del matrimonio.
Los peritos insistieron en que la firma del documento no pertenecía a Humberto. Sin embargo, el fiscal, cuando retiró la acusación, argumentó que “era un hombre muy enfermo cuando se hizo el documento, tenía fuertes temblores en sus manos y su firma parecía inicialmente falsificada pero estoy convencido de que no fue así y que la estampó voluntariamente”.