X.M.C. - OURENSE
La lluvia no fue impedimento para que los ourensanos aprovecharan el fin de semana para acudir desde todos los puntos de la provincia y del Estado a rendirle homenaje a sus seres queridos, ya fallecidos, por lo que los pueblos y las parroquias se convirtieron en el punto de reencuentro de familiares y de personas que no se veían desde hacía meses. El obispo de la diócesis, Luis Quinteiro Fiuza, ofreció una misa por el descanso de todos los difuntos ourensanos.
El sacerdote e historiador Enrique Bande sostiene que la religión y la vida fueron siempre "de la mano" en la provincia de Ourense, sentimiento que incluso compartieron los "grandes pontífices del galleguismo", como Ramón Otero Pedrayo y Vicente Risco. Asevera que los ourensanos "nos sentimos ligados a nuestros antepasados, por lo que en el día de los difuntos visitamos el cementerio y el templo, para rezar unas oraciones por aquellos que nos precedieron".
Bande recuerda que Xoaquín Lorenzo Fernández "Xocas" afirmaba que en Galicia "a parroquia dos mortos e a dos vivos están xunguidas". Esa es la razón por la que los cementerios no permanecen apartados de los núcleos de población, en la provincia de Ourense, sino que se encuentran "próximos a las casas que habitamos. Muertos y vivos convivimos. Cuando vamos por los caminos, pisamos tierra sagrada, porque pisamos la tierra de aquellos que nos precedieron en la creencia y en la fe".
El sacerdote e historiador sostiene que la jornada de ayer fue "un día grande, un día en el que acudimos al Camposanto para honrar a nuestros difuntos". Recuerda que hace unas décadas, la gente echaba agua bendita sobre las tumbas, en las que se encontraban sus familiares, antes de rezar unas oraciones. Pero esta costumbre se fue perdiendo, porque la mayor parte de las pilas de las iglesias ya no tienen agua bendita.
En cambio, Enrique Bande contempla el Samaín como la "fiesta del miedo", del mundo celta y tardorromano, que tembién cuenta con tradición.