X.M.C. - OURENSE
Los treinta soldados cristianos, utilizando la caballería, midieron sus fuerzas con las tropas moras de infantería. Emplearon abundante material pirotécnico durante el asalto, tras el que realizaron la tradicional "quema del castillo", con pólvora, a modo de purificación de los objetos sagrados que habían sido profanados. El espectáculo resultante fue de gran vistosidad, por el efecto colorista de las deflagraciones.
A pesar de la sensibilidad que existe alrededor de los símbolos del mundo islámico, la celebración de esta romería que representa una batalle entre moros y cristianos no ha registrado ninguna incidencia, desde el momento que se puso en marcha en el año 1840, resalta el profesor Delfín Caseiro. La clave puede estar en que se trata de una representación "muy respetuosa" con las demás sensibilidades religiosas. De hecho, miembros del colectivo magrebí de Xinzo, el más numeroso de la provincia, ofrecen conferencias sobre el islamismo en la residencia de la tercera edad, como complemento de la programación.
Como novedad, se registró el relevo de los mandos de las dos partes enfrentadas. La persona que en ediciones anteriores había representado el papel de capitán de los moros, este año actuó como el más alto mando que dirigió el asalto de los cristianos.
Las tropas cristianas realizaron la toma de la fortaleza bajo la protección de la Virgen de la Merced y del Apóstol Santiago. Pese a todo, tuvieron que realizar dos acometidas. El primer intento resultó fallido. En cambio en el segundo, los cristianos lograron la recuperación de la plaza.
Las evoluciones que realizaron a lo largo de casi una hora, contaron con ambientación musical, combinando música clásica con melodías de varias películas de acción, además de las explicaciones de un comentarista, a modo de hilo conductor de la contienda.
Los dos capitanes, el moro y el cristiano, llevaron el peso de la escenificación. Tuvieron distintas intervenciones, en las piedras del parlamento –se encuentran en pleno escampado-, donde se reunieron para intentar resolver la situación mediante un acuerdo, en el castillo y en el campo, junto a la imagen de la Virgen de la Merced. El capitán cristiano exigía la entrega de la fortaleza y la liberación de los prisioneros, a lo que se negó el alto mando moro, por lo que la batalla fue inevitable.