J.FRAIZ - OURENSE
El debate y el choque de posturas modelan la propia esencia de la política. "La democracia existe para confrontar", afirma de pleno un portavoz comarcal del BNG. Representantes de los tres grandes partidos abogan, sin embargo, por mantener el decoro con discursos preparados para ser mordaces pero, en todo momento, respetuosos. Frente a tan digno propósito, abundan ejemplos de algunos cargos electos a los que todavía les pierden las formas.
Entre las distintas modalidades de enfrentamiento entre partidos, cobra tanta importancia la discusión ideológica durante un pleno o una comisión como el efectismo que rodea algunas manifestaciones políticas delante de los medios de comunicación. "No es la política española y gallega especialmente bronca", corrige el politólogo Xosé Luis Barreiro Rivas. Quien fuera vicepresidente de la Xunta de Galicia explica además que "a veces el debate político está demasiado condicionado y pierde un poco de viveza". En todo caso, desde PP, PSOE y BNG se recomienda actuar con especial cuidado ante la frontera difusa que media entre el debate y la descalificación personal.
Así lo ratifica un concejal del PP en el Concello de Ourense: "como máxima nunca debe traspasarse. Cuando no se sabe diferenciar que los posicionamientos diferentes no deben trasladarse a cuestiones personales, se está cometiendo un gran error". "Los insultos están fuera de lugar", mantiene en la misma sintonía un veterano alcalde socialista, que limita los enfrentamientos en los fueros políticos a tintes que excluyan la ofensa al contrincante. "El debate se queda donde acaba. Se puede discrepar al más alto nivel pero nunca caer en el insulto".
Según el criterio de las fuentes consultadas, los cargos orgánicos convierten sus divergencias en un frente a nivel municipal, "donde todos nos conocemos" y "donde la política es muy personalista y unas decenas de votos deciden quién gobierna o no". En los ayuntamientos, más aún los de menor tamaño, "no somos mayoría quienes logramos separar el ámbito personal de la política", puntualiza un diputado nacionalista, que reconoce además lo inútil que resulta la crispación: "nunca están justificados los insultos personales y, además, no sirven para nada políticamente", dice.
Cuando las posiciones de cada parte se vuelven más aceradas suele coincidir, según estas fuentes, con la antesala de una cita electoral. "Aquí se producen luchas políticas de cuerpo a cuerpo durante las elecciones", considera una dirigente popular con dilatada experiencia en la política local. Otro representante refrenda que las posturas se enrocan en tiempos de comicios, con riesgo de provocar descalificaciones a nivel personal "si esa persona necesita de su cargo; en ese momento, los temas dejan de ser ideológicos y se convierten en algo personal. Esa es una gran miseria de la política". "No es lo mismo decir que ciertas prácticas son impropias a decir que tal persona es un cacique", señala un portavoz comarcal. "Yo no tolero que me falten a nivel personal, porque además contribuye a que exista un ambiente político enrarecido", manifiesta un alcalde del BNG.
La política vive de contrarios; la convivencia institucional, de buenas maneras.