A. C. - OURENSE
Hermandad, fortaleza, justicia, solidaridad o complementariedad entre los distintos sujetos de la sociedad son los valores principales que se fomentan en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros, un punto de peregrinación multitudinario. Durante todo el año miles de visitantes llegan hasta el municipio de Baños de Molgas para honrar a “la madre”.
José Manuel Villar, rector del santuario, aventura que este lugar de culto es el más visitado de Galicia, sólo superado por la catedral de Santiago de Compostela. Cuando el día 8 de septiembre se aproxima y comienzan el novenario preparatorio, los fieles todavía se multiplican. Oferta y demanda dan cuenta del flujo de visitas. Diariamente se ofrecen nueve eucaristías y todas están al completo.
Los más escépticos pueden no alcanzar a comprender la devoción que mueve a los visitantes. Pero, tanto si se le pregunta a sacerdotes o fieles, la respuesta es una, el motor es el amor a María. Villar profundiza más y explica que “María es madre y milagrosa, no sólo en el sentido religioso. Cuando las seguridades humanas se tambalean lo que permanece es Dios, en él se encuentra la seguridad”. Por esto, la coyuntura social y económica actual puede repercutir en la afluencia a la romería.
Buena parte de la provincia se moviliza, tanto la comunidad religiosa como la seglar. En torno a cuarenta sacerdotes participan en las diferentes eucaristías, a los que se suman Hijas de la Caridad y otros voluntarios. Por otra parte, tanto Cruz Roja, como el cuerpo de Protección Civil y la Guardia Civil colaboran en la organización de los actos. En total, aproximadamente 100 personas trabajan durante las novenas y los actos centrales de la celebración.
Negocio o religión
Esta es la pregunta que muchos pueden llegar a formularse. Y es que cada año esta celebración religiosa se ve rodeada de materialismo y negocio por todas partes. En lo que concierne a la parte religiosa José Manuel Villar asegura que “de muros para dentro lo único que hay es religiosidad”.
Asimismo explica que en el santuario hay un lugar en el que realizar ofrendas, que pueden ir desde flores, donativos, velas o simplemente una oración. De todas formas hace ver que, de no ser por lo religioso, el resto de la oferta lúdica no se sostendría. También reconoce que sí se complementan, no siendo comparable con otros festejos.
Esta tradición va pasando de generación en generación, aunque es innegable que los más jóvenes son los más contestatarios. El propio Villar reconoce que a esta edad él mismo fue rebelde. Así, la mayoría de los asistentes a los actos son personas de mediana edad.