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REDACCIÓN - OURENSE La calle Colón, convertida desde hace siete años en la “Rúa dos Artesáns”, no acaba de despegar. Esta zona, tradicionalmente ligada a la marginalidad, presenta a día de hoy un gran deterioro urbanístico, cuando ya se cumplen siete años del intento por parte de la Asociación de Artesanos de Ourense (ADAO) de convertir esta zona del casco histórico en un enclave artesanal, comercial y cultural a través de la rehabilitación de una serie de locales donde se trata de conciliar la actividad comercial con la persistencia de los oficios tradicionales.
La presidenta de los artesanos, Olga Santos, sostiene que “nosotros ponemos en marcha la maquinaria del comercio, pero necesitamos ayuda para que salga adelante”. Las necesidades de esta zona consistirían en atraer población hacia esta marginal parte del casco histórico, ya que “si no hay gente, no hay consumo y por tanto no hay comercio”.
Deterioro urbanístico
Pero para cumplir este requisito, sería imprescindible llevar a cabo una remodelación de esta parte del casco monumental, que luce un aspecto desmerecido a causa de las múltiples obras que desde hace tiempo están siendo ejecutadas y la presencia de casas deshabitadas y en pésimo estado de conservación.
El deterioro urbanístico de la zona ha sido durante años la causa de la ocupación del barrio por parte de sectores marginales como drogodependientes y prostitutas, lo que contribuyó a formar una imagen poco atractiva de esta zona, estereotipada como foco de peligro.
La realidad de la calle a día de hoy difiere de la de hace años, pero según los propios comerciantes, “la inseguridad aún es uno de los grandes problemas”.
El telón de acero
Carlos Rodríguez, propietario de A Bufarda, una juguetería de la “Rúa dos Artesáns” que puede presumir de dar cabida en el interior de su comercio a un total de 400 modelos de marionetas, lamenta que “la gente cree que Ourense acaba en la Plaza Mayor”.
También Olga Santos secunda esta afirmación, y añade “en invierno a partir de las seis y media la plaza mayor se convierte en el telón de acero, ya que nadie la cruza si no es por estricta obligación”, lo cual da cuenta del estado de marginación que sufre en la actualidad esta valiosa zona.
Mayte Diz, de 33 años y propietaria de una tienda nacida hace tres meses de su pasión por el pop art, reitera que la calle sigue despertando cierto resquemor, pero al mismo tiempo está convirtiéndose poco a poco “en una zona familiar”, lo cual repercute en un mayor tránsito y clientela potencial.
Dino Coello, otro de los artesanos de la calle Colón, trabaja con dedicación la plata con la que elabora las piezas de joyería que luego vende en A Picota, la última de las tiendas de la “Rúa dos Artesáns”, mientras afirma que “la falta de gente y de seguridad sieguen siendo nuestros principales lastres”, lo cual se suma al hecho de que “sigue siendo una zona desconocida”.
Además, el turismo no es muy acentuado en esta zona, por lo que la presidenta de los artesanos pide que se hagan campañas para promocionar estos establecimientos, al tiempo que se ponga punto y final a la rehabilitación que el concello está llevando a cabo en ciertos edificios. Tanto los artesanos como la presidenta alegan que las redes que desde hace meses cubren las fachadas de algunos edificios contribuyen a deslucir la zona.
En palabras de Carlos Rodríguez, “la zona tiene cierto movimiento gracias a las actividades que nosotros mismos llevamos a cabo”. Así, durante el mes de junio los artesanos ponen en marcha lo que denominan el “mercado medieval”, consistente en una serie de actividades, demostraciones y venta de artículos artesanales. También celebran el carnaval o San Juan, todo ello con la esperanza de incentivar esta zona tan valiosa y devaluada a un tiempo.
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