REDACCIÓN - OURENSE
El amor al patrón gastronómico de Galicia es tan adherente como los tentáculos del gomoso cefalópodo y capaz de vencer los duros designios de la meteorología como demostraron ayer los miles de comensales que soportaron temperaturas de hasta casi 40 grados bajo toldo para acudir a la jornada ferial más participativa del año en la ciudad: la "feira do 17".
La fecha, vacacional para muchos y la presencia de emigrantes retornados de paso por la ciudad y de los propios bañistas que acuden a refrescarse a las piscinas y playas fluviales, colindantes, convirtieron el recinto de Oira en meca los aficionados al "pulpo á feira" y la "carne ó caldeiro".
Los primeros comensales se acercaron a la zona a partir de las doce del mediodía hasta pasadas las cuatro de la tarde, en punto de encuentro de los aficionados a esta cita bimensual, que cada 7 y 17 traen a las pulpeiras de Arcos hasta Ourense para servir del puchero de cobre al plato de madera las raciones de pulpo. Un pulpo mucho menos sudoroso ayer, una vez escurrido del "caldeiro", que la mayoría de los comensales que acudieron a comérselo.
Es Galicia, tierra de pantagrueles con el pulpo por mascota, aunque la feria textil a orillas del Barbaña fue también ayer hervidero limático y de público, aficionado al "bueno, bonito y barato".