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V. RODRÍGUEZ - OURENSE
La Investigación y el Desarrollo, el famoso I+D, también llegó al campo ourensano, en concreto a las tierras de A Limia, en donde se desarrolla un ambicioso programa europeo de nuevas variedades de patata, y en el que participan países como Hungría y Polonia, y al que este año se le une Rumania.
Después de un primer año de ensayos en la Finca Antela, los resultados obtenidos hace que el futuro “sea de lo más esperanzador”, como reconoce el técnico del Inorde, Servando Álvarez, que desarrolla su actividad profesional en el Centro de Desarrollo Agroalimentario.
El objetivo que guió el desarrollo del proyecto se basa en comprobar la adaptación de diversas variedades tanto polacas, un total de 25, como húngaras, con 9, y las 7 de Rumanía, en las condiciones agroclimáticas gallegas.
Y lo que en principio podría pensarse que simplemente era otro ensayo de variedades de patata –el Inorde lleva más de 10 años testando más de 80 cultivares comerciales al año–, en realidad va más allá. Las variedades provenientes de Hungría y Polonia, así como las que ya llegan de Rumanía, cuentan con una genética distinta al resto de los campos europeos.
Después de un primer año de ensayos, y aunque se sembró tarde, y el año meteorológicamente fue malo, la producción en 1 hectárea de la finca experimental superó los 40.000 kilos. Otro de los datos que se constata es que se trata de variedades “con mayor resistencia, aguanta más, necesitan menos abono y agua”, según explicó Servando Álvarez.
Además sostiene que “no hay mucha diferencia entre las variedades que tenemos y estas”, aunque por el momento el mercado gallego sigue teniendo una clara preferencia: la variedad Kennebec, el famoso “cachelo”, una patata blanca, mientras que las variedades húngara y polaca son amarillas.
De lo que se trata ahora, a través de los ensayos que se realizan, es aprovechar aquellas variedades “más fuertes, que suponen un ahorro en consumo de agua, abonos y productos fitosanitarios”, y sobre todo “que se adapten al gusto del consumidor”, recalcó Álvarez
Una actividad abierta a todos los agricultores
El objetivo inmediato, según se establece en la hoja de ruta del propio programa, es seguir con el estudio de las variedades en las 280 parcelas de ensayo en la finca Antela de la Diputación. Sobre el proyecto europeo de investigación, Servando Álvarez subrayó que se trata de una labor de divulgación y ensayo que “está abierta a todos los agricultores”, ya que el objetivo final es conseguir esa estructuración de un sector como la patata, que en la comarca de A Limia es un pilar económico.
De ahí que el proyecto de investigación, que con la incorporación de Rumanía, a través del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo de la Patata y de la Remolacha Azucarera “Brasov Rumanía”, le da más solidez, ya que en cada uno de los países se realizan ensayos, para luego analizarlos y ver las variedades que mejor se adaptan al suelo y a la climatología.
Servando Álvarez tiene claro que las variedades que finalmente superarán la prueba son aquellas que se adaptan más al gusto del consumidor gallego, del que dice “le gusta la patata que sepa a patata”. Aunque también existen otros factores que van influir en la elección, como la “fortaleza” que puedan tener y les permita superar las enfermedades y plagas que puedan afectar de forma determinante la producción.
De lo que no cabe ninguna duda es que A Limia se convirtió, de la mano del Inorde, en un referente de investigación de uno de los productos denominados básicos.
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