13 de marzo de 2018
13.03.2018

Misterio en Mourisca: ¿una galera romana o restos de incendios?

El exbuceador José María Mosquera asegura que los bloques son de un pecio hundido

13.03.2018 | 13:05
Misterio en Mourisca: ¿una galera romana o restos de incendios?
Los restos que aparecieron el domingo en la playa de Mourisca, en la parroquia de Beluso. // G.Núñez

A lo largo de las últimas décadas han aparecido en la ría de Pontevedra distintos hallazgos arqueológicos de la época romana e incluso prerromana. Hay quien cree que uno de los mayores tesoros arqueológicos lleva esperando muchos años para salir a la luz. Se trataría de un supuesto pecio romano, hundido y completamente tapado por la arena en las cercanías de Mourisca. El exbuceador y antiguo capitán de navío José María Mosquera asegura que lo halló en 1991 y que desde entonces espera que las administraciones muestren interés en reflotarlo.

El domingo por la mañana la borrasca "Félix" sembró la playa de Mourisca, en Bueu, con grandes bloques negros muy similares al chapapote. Es la segunda vez que ocurre en los dos últimos años e inicialmente se apunta que sean una mezcla de tierra, madera y cenizas procedentes de los incendios del pasado mes de octubre. Una versión que el exbuceador deportivo y antiguo capitán de navío José María Mosquera pone en tela de juicio. Él conoce bien las aguas de la ría de Pontevedra y del entorno de Mourisca. "Estoy convencido de que esa madera es de un pecio que permanece hundido en la zona. Creo que podría tratarse de un barco de la época romana, como una galera birreme, pero eso es algo de lo que no estoy seguro. Habría que hacer una prospección e investigar", sostiene.

Eso es precisamente lo que lleva solicitando desde hace casi 30 años, aunque de momento sin éxito. En el año 1985 localizó en la misma zona de Mourisca un cepo de plomo de una antigua ancla romana. Después de notificar su descubrimiento el equipo de actividades subacuáticas del Grupo de Investigación Alfredo García Alén, con el arqueólogo Ramón Patiño al frente, realizó una inmersión en el lugar indicado. "No encontramos un cepo, sino tres", reconocía ayer el director del grupo García Alén. Esas piezas están depositadas en el Museo de Pontevedra: una en exposición, otra en almacén y la tercera cedida al Museo do Mar de Galicia, en Vigo. Lo que no se localizó entonces fue el posible pecio del que procedían. "Realizamos varias visitas, de una manera un tanto informal, pero no se encontró nada", relata.

José María Mosqueira siguió buscando por su cuenta y, según su versión, por fin en el año 1991 localizó lo que parecía ser un barco romano de unos 40 metros de largo. "Lo encontré haciendo pesca submarina. Es muy antiguo, está hundido en la arena y solo se veía una parte, con la madera muy negra. Estoy seguro de que la madera que llegó el domingo a la playa es de esa embarcación. Lo que no puedo asegurar es realmente la cronología del barco, que sea romano, anterior o posterior. Para eso haría falta investigar", afirma el exbuceador y militar jubilado.

Mosquera es reacio a dar la localización exacta para evitar el expolio del supuesto pecio, pero desde el primer momento puso su descubrimiento en conocimiento del Museo de Pontevedra y de las autoridades. Cuenta con un dossier con las cartas enviadas a la Consellería de Cultura, al entonces presidente de la Xunta de Galicia e incluso a miembros de la Comisión Europea (CE), como Marcelino Oreja, en el año 1999.

Durante sus inmersiones en la zona recogió algunos restos de madera que se habrían desprendido del pecio para que fuesen analizados. Un informe de la Universidade de Santiago, datado en diciembre de 1992, señalaba que la "invasión de cloro y sodio parece indicar su estancia en el agua de mar por un periodo muy largo. Esta conclusión parece confirmarse con la destrucción de las fibras de celulosa que forman la matriz de la madera. Este tipo de destrucción avanza muy lentamente con el tiempo de inmersión, lo que indica una estancia del material bajo el agua de muchos años o incluso siglos". Sin embargo, no podía precisar mucho más.

José María Mosquera envió por su cuenta otra de las muestras a la Universidad de Barcelona. En concreto a la Facultad de Químicas, donde fue sometidad a la prueba del Carbono-14 para intentar averigura su antigüedad. El informe del doctor Joan Mestres -de mayo de 1992- indicaba que "hay un intervalo de edad calibrada correspondiente al intervalo de edad radiocarbónica con un 95,5% de probablidad que indica que podría ser de entre 4775 y 4477 antes de Cristo". Con un matiz: la prueba ayuda a fechar la formación de los materiales arqueológicos, no la fecha en la que ocurren los hechos arqueológicos. Dicho de otra manera: permite saber cuando empezó a gestarse esa madera, pero no cuándo fue cortada, cuándo fue usada para construir el supuesto navío ni la fecha de su hundimiento. En todo caso, una datación tan antigua resulta más que significativa.

El propio José María Mosquera reconoce en todo caso que los resultados de la prueba del Carbono-14 pueden verse alterados porque la madera estaba tratada con una mezcla de alquitrán, que se obtiene de la destilación de la madera, hulla y petróleo. "Esas sustancias pueden contaminar los resultados del Carbono-14", admite el exbuceador. No obstante, entiende que existen elementos más que suficientes para que las administraciones públicas tomen en consideración el asunto y que se decidan a comprobar si existe o no ese pecio hundido durmiendo el sueño de los justos en el lecho de Mourisca.

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