Pesadilla en el barrio de Casablanca

Una explosión de gas butano mata a un vecino y obliga a realojar a 65 residentes

El fallecido es Ramón González, de 45 años, conocido militante del PP que vivía solo en el piso siniestrado - Hubo también cuatro heridos -La detonación dañó las más de 20 viviendas y zonas comunes del edificio de siete plantas

10.02.2016 | 02:38

El siniestro de ayer en la calle San Salvador se produjo apenas cuatro meses después de otra explosión, la que ocurrió en una vivienda de la plaza Maruja Mallo, en O Calvario, en octubre. La detonación se produjo por el cargador de un mechero y un hombre y su bebé resultaron heridos.

Una explosión consecuencia de la fuga de gas de una bombona de butano en un piso de un edificio de la calle San Salvador, en pleno centro de Vigo, dejó ayer el trágico balance de un hombre de 45 años fallecido, Ramón González Sanz, conocido militante del PP de la ciudad olívica, y otros cuatro vecinos heridos leves, así como cuatro policías nacionales afectados por inhalación de humo. La fuerte deflagración provocó graves y cuantiosos daños materiales en este inmueble de siete plantas y 22 viviendas, lo que obligó a desalojar a todos los residentes, 65 personas según fuentes municipales, 46 de las cuales fueron realojadas por el Concello vigués en el Hotel México, donde permanecerán hasta que puedan volver a sus domicilios, mientras que las restantes optaron por irse a casas de familiares. Los primeros datos apuntan a que el inmueble no estaría afectado en su estructura, pero los destrozos en zonas comunes y en los pisos pronostican que al menos pasarán días antes de que los residentes -que ayer tarde sólo accedieron a sus hogares acompañados por bomberos para recoger ropa, medicinas y enseres básicos- puedan empezar a volver a sus hogares. "El inmueble quedó devastado", resumieron varios efectivos. La onda expansiva de la deflagración provocó desperfectos en pisos del edificio de enfrente por el impacto de cascotes, que también cayeron sobre vehículos aparcados en la calle y en un taller de automóviles ubicado en el bajo de la construcción siniestrada. El balcón de la vivienda del fallecido "voló" más de 50 metros hasta una acera. La Policía Nacional, el grupo de Científica, investiga las causas de la detonación: la principal hipótesis, apuntaron desde la comisaría viguesa, es que se acumuló una bolsa "muy grande" de gas por una fuga quizás de varias horas y que la ignición se desencadenó cuando la víctima encendió el calentador o activó algún interruptor.

Todo ocurría en torno a las nueve menos cuarto de la mañana. "Fue como un terremoto, una bomba; parecía que todo se iba a venir abajo", describen los vecinos al referirse al "tremendo" ruido que los alertó. La explosión se produjo en la vivienda donde residía solo Ramón González, en el 6ºA del número 6 de San Salvador, una calle que desemboca en la plaza de Fernando el Católico, junto a Urzáiz. Casi una veintena de bomberos junto a agentes de la Policía Local y Nacional y sanitarios del 061 se trasladaron de inmediato al lugar, donde también permanecieron los concejales Carlos Font e Isaura Abelairas, así como el gerente de Urbanismo y arquitectos municipales para revisar el edificio.

Junto a la deflagración, hubo un incendio en el piso que en un primer momento intentaron apagar con extintores dos vecinos, los primeros en entrar en la casa del fallecido. Pero debido a que la vivienda estaba "arrasada", con paredes, muebles y puertas por el suelo, no lograron encontrarlo ya que tuvieron que abandonar el lugar por seguridad debido "al olor a gas". Serían después los bomberos quienes, una vez empezó a despejarse la casa de humo, hallaron el cuerpo del fallecido en el suelo de la cocina. En esa estancia había tres bombonas de butano, una de las cuales, refiere Jesús Rodríguez Durán, suboficial de los bomberos, tenía una fuga que en ese momento "ardía". "Lo previsible es que una bombona era la del calentador, otra la de la cocina y una tercera que tendría de reserva", afirmó el efectivo.

La explosión sorprendió a vecinos durmiendo, a otros ya despiertos y a algunos cuando estaban marchándose de sus casas. Muchos bajaron a la calle, sorteando los escombros de las escaleras, en zapatillas y pijama. Había residentes de avanzada edad. Junto al piso del fallecido, los mayores daños se produjeron en el de al lado, el 6º B. De hecho, la pared que separaba ambas casas literalmente desapareció. "Parecía un único piso", cuentan. El resto de domicilios también sufrieron desperfectos, más cuantiosos los de las plantas superiores y de menor entidad los ubicados en las más bajas. Puertas blindadas de las casas "saltaron por el aire", las escaleras comunes de los pisos más altos eran "impracticables" por los escombros y también resultaron dañados los ascensores. Había cristales rotos -incluso los del portal- y los tendales del patio de luces, repleto de cascotes, "ardieron". Los bomberos explicaron que hubo que cortar el agua, debido a que había fugas al resultar tuberías "seccionadas" por los impactos, y también se cortó el suministro de gas y luz en todo el inmueble.

Si los residentes del edificio sufrieron el susto de sus vidas, en otras construcciones del barrio también cundió la alarma. Jose Iglesias regenta una cafetería al otro lado de la calle: "Estaba en la terraza del local y oí el ruído. Parecía una bomba, vi venir un balcón. Los cascotes caían sobre los coches. Se vivieron momentos duros. Los vecinos gritaban, había humo y cristales de muchos pisos cayeron a la calle". Con lágrimas en los ojos, recuerda que llamó al 112, igual que otros testigos.

Heridos

Además del fallecido, al menos cuatro vecinos resultaron heridos. El 061 trasladó en un primer momento al Hospital Álvaro Cunqueiro a dos personas. Uno fue Xoan Manuel D., de 38 años y afectado por inhalación de humo, además de pequeñas contusiones y arañazos, ya que intentó apagar el incendio. Ya recibió el alta. También fue evacuado al centro hospitalario un señor de 86. Testigos referían que era don Paco: "Su mujer está ingresada y él estaba solo estos días. Tenía intoxicación por humo". Otro hombre fue atendido en el lugar del siniestro. Más tarde, desde el hotel donde realojaron a los vecinos, una ambulancia evacuó a una mujer con un posible esguince en una pierna que sufrió cuando, ayudada por un policía que también se lesionó, dejaba el edificio, desde la séptima planta, entre los cascotes de las escaleras.

El Concello tenía ayer un balance de 65 desalojados. El alcalde Abel Caballero se reunió con los afectados que fueron trasladados al hotel México. "Hay que tener tranquilidad y hacer frente a lo ocurrido. Vamos a estar con ustedes en todo. No están solos. Tenemos experiencia en casos similares", les garantizó. Sobre el estado del edificio, los arquitectos municipales comprobaron que inicialmente no hay daños estructurales, por lo que podrá reconstruirse. Pero hay severos desperfectos en zonas comunes y viviendas que, explicaron en el hotel, impiden por ahora "su habitabilidad". Mientras las zonas comunes no se habiliten, nadie podrá volver. Después serán los técnicos quienes decidan, piso por piso en función de los destrozos de cada uno, el regreso de los vecinos

Por la tarde, los residentes, con bomberos, entraron en sus casas para coger medicinas, ropa, teléfonos móviles, documentación... "Está todo deshecho", lamentaban los inquilinos de las casas más afectadas. Algunos dejaban el edificio con maletas en la mano y lagrimas en sus ojos. No saben cuándo podrán volver:"Esto es muy triste".

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