DIANA BERNÁRDEZ - CANGAS
Las noches veraniegas de Cangas cuentan con una nueva actividad: Rutas turísticas por el casco histórico. Desde principios de verano, cinco establecimientos hosteleros invitan a sus clientes a dar un paseo guiado por la zona vieja del municipio. El recorrido es circular y comienza delante de la oficina de turismo de la estación marítima. Lo primero que ve el turista es un mapa de las Rías Baixas y sobre el papel se le muestra donde se encuentran.
El camino arranca hacia la Capela do Hospital. Al visitante le llama la atención la mezcla de su carácter religioso por el aspecto exterior y los usos laicos a los que se dedica el centro. Actualmente, en ella se expone una colección de pintura "El mar y un sendero de ladrillo", que permanecerá abierta hasta el 3 de agosto. La siguiente parada del recorrido es la plaza de abastos, donde se les explica su distribución: La planta baja acoge los puestos de venta de pescado en el centro, rodeando a las pescantinas los de carnicería y la sección superior está destinada a frutas y hortalizas. Y de allí al centro social o "Casa da Bola", en la que destaca el reloj de sol que para las dos turistas que hacían la ruta el pasado viernes, de nacionalidad argentina, era algo nuevo.
La siguiente parada, ya dentro del casco histórico, es la ex colegiata de Santiago. La iglesia de la Rúa Real, de los siglos XV-XVI, consigue que el visitante se interese por el relato de la guía porque encierra grandes dosis de historia combinadas con pinceladas de leyenda, sin olvidar el patrimonio artístico que contiene. La invasión de piratas turcos que arrasaron Cangas en 1617, la imagen que recuperaron unos marineros en la ría, el Cristo que se salvó en un incendio que sufrió el templo y las consecuencias que todavía muestra la fachada animan al visitante a volver para verla con más detenimiento.
La arquitectura tradicional mariñeira y las casas de patín hilan el discurso durante la caminata de más o menos hora y media. El barrio de Outeiro, construido sobre rocas sorprende por el contraste de algunas casas restauradas y otras abandonadas. Los lavaderos con el agua "a correr" también sorprenden a las turistas. El trayecto torna su fin en el cruceiro de Síngulis y la figura de María Soliño deja aún más intrigados a los excursionistas, que regresan al puerto tras escuchar el conjuro de la queimada.