Manuel Rodal, alcalde juez y general(II)

Fue acusado de afrancesado por José María Sequeiros, con quien mantuvo un litigio por ser regidor del Concello de Cangas

 
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Retrato de Manuel Rodal Bermúdez, atribuido al propio Goya.
Retrato de Manuel Rodal Bermúdez, atribuido al propio Goya.  

El profesor e historiador local José Moreira Pumar continúa su investigación sobre la figura de Manuel Rodal Bermúdez de Castro, un ilustrado de la época, cuya vida ya relató en un primer capítulo. Hoy nos ofrece más datos acerca de este personaje que fue alcalde de Cangas, juez y general y acusado de antipatriota y afrancesado. Ahora nos acerca a la vida íntima y familiar de este personaje histórico de Cangas, su estancia en Madrid y su famoso pleito con José María Sequeiros y también anécdotas que le sucedieron en la Guerra Carlista.

JOSÉ MOREIRA PUMAR - CANGAS En Vigo, Manuel Rodal (Cangas, 1773-1854) lleva su vida familiar en una de las dos casas recibidas en herencia por su mujer: una grande frente a la plaza pública de la villa y otra pequeña en la parte de atrás, ambas en estado ruinoso. "Una de ellas-nos aclara don Manuel-confina con la casa de la baronesa Casa Goda". Don Manuel dice que tuvo que repararlas debido a su mal estado "corriendo los gastos con dinero de su bolsillo (costosísimas obras y caudal mío) elevándose la factura a 73.00 reales"
De esta forma, el almacén de su difunto suegro se abrió renovado de nuevo al público, y en la casa pequeña se puso una tienda. "Todo se arrendó y los beneficios los percibirían íntegramente su mujer y hermanos". Rodal hace detallada descripción de las modificaciones hechas en su morada, donde podemos apreciar, casi en detalle, las comodidades que le llegaron a rodear: "Maderé todo el piso, con vigas nuevas y puse cielo raso",
Nuestro personaje es un hombre de letras y no puede faltar la biblioteca, que será legada a sus nietos. Entre sus libros de leyes afirma existir la obra Diccionario del Abate Rociert, interesante por su tratado en nuevos métodos de agricultura y que le regaló el cura de Comesaña. "Me la regalaron para mejorar rendimientos en mi granja", lo que nos permite comprobar que nuestro abogado fue un hombre de su tiempo, interesado en las ideas de la ilustración. La generosidad de don Manuel viene dada por el acogimiento en su casa de su suegro, padre de su primera mujer, como se apuntó en el primer capítulo. Recibe y mantiene a sus cuñados y permite que las rentas y beneficios de las tiendas de Vigo pasen a su mujer y sus hermanos que mantiene en casa. En Cangas tiene recogidas, totalmente gratis, a dos antiguas criadas ya ancianas, una de ellas ciega, en una de las casa sque posee en la Plazuela del Eirado del Señal desde hace años.
Sus hijos, don Francisco y Don Manuel Rodal, fruto de su primer matrimonio, fueron abogados como su padre. El mayor, Francisco, cursó estudios de Filosofía en el Colegio de los Jerónimos de Madrid para más tarde estudiar Leyes. Se casó con doña Joaquina Troncoso. El menor fue notario durante algunos años en Cangas, para trasladarse más tarde a Pontevedra, donde fallecería en 1892.
Como todos los de su clase, don Manuel pertenece a una burguesía señorializada, es decir, pretende tener unos ingresos fijos procedentes de las rentas de las tierras, a imitación de los hidalgos. Por lo tanto, invertirá cada real de sus ganancias en la compra de nuevas rentas que llegaron a producirle anualmente unos beneficios nada menos que de 1.960 reales que sumados al resto patrimonial ascendía a 135.646. reales. Las rentas agrícolas procedían de los lugares de Cabral, Comesaña y Nigrán y percibía un total de 24 ferrados de maíz, una gallina y dos cercos cebados, uno de 6 arrobas y otro de 8. De Moaña, Cela Ardán, Tirán, Beluso, Coiro, Hío y Aldán sumaban un total de 108 ferrados de maíz, que traducido en kilos son 1.512 y en dinero, 1.652 reales. En Vigo tiene vivienda, almacén y tienda. En Cangas poseía la granja, que denominaba Granja de Síngulis, donde fallecería. En su testamento, Rodal no concreta las veces que viajó a la Villa y Corte de Madrid, pero de su lectura se desprende que debió ser más de una vez y, en uno de ellos, fue testigo del estallido popular de aquel dos de mayo de 1808 del pueblo de Madrid contra los franceses. Expulsados éstos de Galicia y siempre por motivos profesionales, viajó a Sevilla, donde se había trasladado el Gobierno. Alguno de estos viajes debió de realizarlo después de 1814, pues habla del regreso de Francia del rey Fernando VII.
No queremos pasar por alto el litigio habido entre Rodal y Sequeiros, que vino a enturbiar las convivencia entre los dos apellidos de mayor relieve en aquel Cangas de principios del siglo XIX. Las acusaciones entre ambos son fuertes, al extremo de calificar a don José María Sequeiros de enemigo suyo. Hemos de poner en claro que don Manuel Rodal nada dice de este pleito en su testamento. El caso lo hemos extraídos hurgando en su biografía por documentos hallados a su amigo y colega Severino Fernández Chao, que ejerció de escribano en Marín, Cangas y Vigo, y que por su interés reproducimos resumido. La causa que les conduciría a esta fuerte enemistad tiene origen en el resentimiento según sus propias palabras que José María Sequeiros le había producido un pleito en el que la justicia había fallado contra él. Resulta que Sequeiros, por motivos de herencia, reclama la propiedad de Pazo del Tilleiro y Casa granja de Longan, patrimonio que también reclama por herencia familiar su tía doña Josefa Soliño Avalle. Sequeiros pierde el caso. Dolido por la sentencia y otras causas, Sequeiros, más tarde, y aprovechando una de sus ausencias, le delata ante el general La Carrera, acusándole de ser afrancesado y que cuando se conquistó el país y se expulsaron a los franceses, Rodal se había apropiado de ciertas joyas. El caso se llevó ante la Real Sala del Crimen de Galicia. Sequeiros también perdió este caso. Pero con anterioridad a lo expuesto, la tirantez entre ambos personajes parte desde el momento en el que Cangas se declara villa de Corregimiento Real, es decir, que sus regidores serán nombrados por el Rey y para ello deberán gozar de titularidad de abogados y los dos deseaban el codiciado puesto.
En la Guerra Carlista, un grupofamilias de Cangas, que deseaba ver sus hijos lejos del campo de batalla, se desplazaron a Vigo para que nuestro abogado les gestionase un problema relacionado con el reclutamiento. Debían de entregar en su despacho una partida de dinero que, como antes apuntamos, serviría para liberar a sus hijos de ser llamados a filas. Hemos de señalar que por aquel entonces, la vecindad, en general, vivía alarmada, inquieta no sólo por la guerra, sino por la cantidad de robos y asaltos que venían cometiendo los gavilleros (pandillas de bandoleros nacidos a raíz de la Guerra de Independencia en 1808). Dicho ésto, diremos que este grupo de cangueses temeroso de que los gavilleros asaltasen el domicilio del abogado y robasen el dinero en él despistado, decidieron protegerle, poniéndole una escolta.

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