F.G.S./D.G.P. / O MORRAZO
La ilusión sigue intacta, aunque el bolsillo también impone ciertos límites. El tradicional sorteo de Navidad que se celebra el martes genera una gran expectación y durante estos días las administraciones de lotería de la comarca registran una actividad más intensa porque a última hora parece que nadie quiere quedarse sin al menos un décimo. Y es que está claro que si no se juega es imposible que toque.
La mayoría de establecimientos apuntan que la situación de crisis se ha dejado notar de una manera u otra. "Antes la gente gastaba más alegremente y compraba dos o tres décimos. Sin embargo, ahora se contienen más y se llevan sólo uno", explican desde la Administración número 2 de Cangas, en la Praza do Progreso. Su propietaria cuenta que la anécdota de este año viene de la mano del número 11.109. "Nos llamó gente de toda España pidiéndolo y cada uno por razones muy distintas: la fecha de la boda, el nacimiento de las gemelas... Es el número que tiene el colegio Eduardo Pondal y sé que les llamaron para saber si tenían todavía participaciones".
En la otra administración canguesa, A Boa Estrela [en Méndez Núñez], señalan que la venta en ventanilla "se mantiene o incluso es mejor con respecto al año pasado". Pero no pasa lo mismo con las reservas: "Ahí notamos una caída porque hay empresas que para reducir gastos dejan de regalar lotería y hay otras que directamente han desaparecido o están en fase concursal".
En Moaña la única administración del municipio, situada en Concepción Arenal, no notó excesivamente la crisis. "La gente sigue con la tradición de comprar el décimo para la lotería de Navidad, que ya forma parte de estas fechas", explica el responsable del establecimiento, Jorge Juncal. Se calcula que en el municipio se han gastado alrededor de unos 360.000 euros en décimos del Gordo, prácticamente la misma cantidad que en 2009. "Puede que descendiera un poco, pero estamos contentos porque la campaña fue prácticamente igual a la del pasado año", indica Juncal. Por lo tanto la inestabilidad económica tampoco consiguió el efecto contrario, que sería que la gente se agarrase a la suerte de la lotería. "Me alegro de que sea así, porque no me gustaría ganar dinero con la necesidad de los demás", reconoce el lotero.
La administración de lotería de Bueu notó una cierta contracción en la demanda. "El décimo cuesta 20 euros, que no es paja", admite su propietaria. El establecimiento está abonado al 28.786, "un número que siempre agotamos, pero que nunca toca", cuenta entre risas la dueña. Este año recibió incluso la llamada casi desesperada de un vecino de Ourense: "Me dijo que había soñado con él y que lo había visto muy claro. ¡A ver si es verdad!". De todos modos, aunque la premonición de este hombre se cumpla él no podrá disfrutarla porque cuando llamó a Bueu el boleto ya estaba agotado. "Como nunca toca me plantee cambiar de número, pero mis hijos me dijeron que no porque seguro que ese año sí que tocaba y se hacía rico todo Bueu menos nosotros", cuenta con muy buen humor.