G.M.P. - CANGAS
Su rutina diaria no incluye medicamentos. "No toma ni una sola pastilla; incluso los médicos se extrañan", dicen sus hijas. El paseo diario por el frente de Rodeira y las horas mirando al mar, absorta, desde el centro de día o en las ventanas de la casa consumen su tiempo, desde que dejó de trabajar las fincas para sacarle el fruto. "Andar siempre le ha gustado mucho, es lo que la mantiene fuerte y ligera de piernas", explica su familia, mientras ella se sienta y se levanta del sillón sin precisar apenas ayuda.
Alguna gripe ocasional, pérdida de oído, unas cataratas y la rotura de la cadera la llevaron a sus únicas citas con los médicos, pero incluso de la fractura del hueso, ya con 90 años, se recuperó con una precocidad más propia de veinteañeras. "Al poco tiempo ya dejó las muletas y andaba por ahí como si nada", explica Rosa, mientras su madre, que apenas participa de la conversación por sus problemas de oído, esboza una sonrisa cómplice desde la cristalera, donde ve pasar a la gente, los barcos de pasaje y los que van más lejos.
Los allegados están convocados hoy al acto de soplar las velas. Su prole no es muy numerosa, tres nietos y un bisnieto, por lo que será suficiente el salón de la casa. Si el tiempo no se pone muy terco, antes y después habrá paseo por el barrio de O Forte, donde se encuentra con vecinos que la saludan, en muchos casos sin tener idea que ya hace un año atravesó el ecuador de los cien otoños.
¿Estará en la dieta el secreto de su longevidad? "Come de todo. Carne, pescado, pollo, bacalao... Siempre que sea triturado. Y tiene muy buen apetito", se encargan de aclarar Mercedes y Rosa, dos de sus cuatro hijos, que nacieron en la misma casa. Para beber no es muy devota del agua y el vino, prefiere los zumos. Y para combatir algunos recuerdos que le trae la edad, tararea una canción que le ayude a olvidar.