J.C.- CANGAS
Un vecino de Cangas creyó verse metido en la película de Antonio Mercero, "La Cabina". La escena no se representaba en esta ocasión en una cabina telefónica, ya prácticamente en desuso y que hoy en día son mucho más aireadas que en los años setenta, sino en un cajero automático de una sucursal de una entidad de ahorro en Aldán.
Eran las 10,45 00 horas del jueves y este vecino del municipio de Cangas había aparcado su coche encima de la acera con la intención de sacar dinero en el cajero automático de la citada sucursal. No tuvo problemas para entrar. Pasó su tarjeta por la ranura y se introdujo en el cajero. Pero cuando fue a salir se encontró con la desagradable sorpresa de que no podía hacerlo. La puerta no tenía manilla y no tenía forma de empujarla para salir. Primero pensó en llamar por el interfono, pero no había. Después intentó llamar la atención de la gente que pasaba por allí. Sólo vio un hombre con capucha que corría para resguardarse de la lluvia. De repente, se dio cuenta de que tenía teléfono móvil y su angustia comenzó a remitir. Llamó al Servicio de Emergencias 112 y éste a Protección Civil de Cangas. Hasta allí se trasladaron los efectivos de este cuerpo al que les bastó con utilizar una tarjeta desde fuera para sacar al hombre, cuya edad superaba los cincuenta y que, por unos interminables 20 minutos, pasó un mal trago. De ésta puede que coja claustrofobia, que no sería extraño o, por lo menos, miedo a entrar en un cajero a determinadas horas de la noche.
Afirman en Protección Civil que el hombre salió molesto por el hecho de que el cajero careciera de interfono para avisar de lo que le estaba pasando, aunque aseguran que también se tomó con buen humor la experiencia. Y es que no todos los días queda uno encerrado de noche en un cajero automático. Menos mal que no se había dejado el teléfono móvil en el coche, repetía, ya que de lo contrario no le quedaría más remedio que pasar la noche en el cajero.