F.G.S. - MOAÑA
Casi todos los comercios y locales de Moaña cierran a mediados de esta semana, y es que nadie se quiere perder la fiesta de San Martiño, que el martes, miércoles y jueves, se celebra en la parroquia que dio origen el municipio. Pero si la actividad en el centro se paraliza, todo lo contrario ocurre alrededor del atrio, en donde los furanchos y chiringuitos proliferan por doquier. El viernes la comisión de fiestas ya alertaba sobre la avalancha de solicitudes para instalar bares improvisados, triplicando incluso las peticiones de otros años. Muchos de los interesados se tuvieron que quedar fuera por falta de espacio.
Pero este problema no sucede con los que tienen una casa con bajo o una finca privada en los alrededores del recinto de la fiesta. A lo largo de esta semana, y pese a las lluvias constantes, son muchas las estructuras que proliferaron por la zona. También los propietarios de viñas esperan hacer su particular agosto vendiendo el vino de sus cosechas en los furanchos familiares.
Este es el caso de Lola Núñez, que regenta el conocido como Furancho de Lola de Pereira. Este año va a abrir durante las fiestas tras dos ediciones sin hacerlo. "Hai pouco viño, a colleita é menor e se abrimos quedamos sen viño para nós, porque isto durante as festas é un formigueiro de xente polos catro costados", explica. Núñez reconoce que la vendimia de este año tampoco dio para muchos litros, pero ya abrieron desde el viernes y tienen la intención de hacerlo hasta el próximo jueves.
Precisamente el padre de Lola Núñez, José Núñez, fue durante 15 años presidente de la comisión de fiestas. A sus 83 años se declara un gran aficionado a la tradicional celebración. "Gústame que isto vaia a máis, canta máis xente veña mellor para todos", dice desde el privilegiado bajo de una casa en la que vive desde pequeño, y que se encuentra a unos 50 metros del templo parroquial.
Otras personas alquilan bajos para intentar sacar un sobresueldo a base de servir vino nuevo y comida como castañas, oreja y costilla. Este es el caso de Ángel Galiñanes, un cangués residente en O Con que esta semana estuvo acondicionando un céntrico bajo en compañía de un amigo. "Este local xa o abriu outra xente en anos anteriores, pero esta é a primeira vez que eu traballo nesta festa", explica. Galiñanes se muestra muy optimista, pese a la repentina llegada de las temperaturas invernales. "Creo que aínda que chova aquí sempre vén xente. Ademais, en San Martiño ten que haber ou frío ou chuvia, senón non é o mesmo", apunta con humor.
Aunque Galiñanes reconoce que tendrán la competencia de otros puestos, espera pasar "os tres días traballando, aínda que sexa sen durmir", señala.