F.G.S. - MOAÑA
El carpintero de ribeira Victorio Santomé lleva años luchando contra una jubilación que le llegó antes de lo deseado. A sus 74 años todavía seguía construyendo barcos de madera para sus amigos, convirtiendo en un hobby la que fue su profesión desde que era un joven de 22 años. Pero el pasado sábado entregó su última chalana, en la que estuvo trabajando las últimas tres semanas. Todavía sin nombre, seguro que esta embarcación pasará a la colección de recuerdos de Victorio.
El carpintero decidió que no va a hacer más embarcaciones, pero el mítico astillero de Cabanelos no echará el cierre, pues Santomé se dedicará a construir maquetas de los barcos que hizo anteriormente. Se trata de un trabajo mucho más mañoso y que requiere de grandes dosis de paciencia, pero al que Victorio se aficionó tras su jubilación. “Me relaxa facer maquetas, e así me sinto máis activo”, explica.
El oficio de carpintero de ribeira le viene a Santomé de atrás, no en vano el taller que utiliza en Samertolaméu ya pasó por otras tres generaciones de su familia. “O meu bisavó, o meu avó e o meu pai tamén traballaron aquí. Ademais dous dos meus fillos aprenderon neste asteleiro o seu oficio de carpinteiro”, recuerda. Ahora uno de sus hijos trabaja en Rodman y el otro también construye barcos en astilleros vigueses.
A lo largo de su dilatada vida laboral este vecino de Meira ha construido más de 200 embarcaciones, siempre de bajura: bateeiros, chalanas, barcos naseiros e incluso una nave para transportar pasajeros a la isla de Ons. “Cando había moito traballo contrataba a xente por obra, e tiñamos que andar ás présas para poder cumprir cós prazos”, rememora.
Pero las vacas gordas se acabaron con el auge de embarcaciones en poliéster. “Hai unha década que todo o mundo empezou a encargar os barcos de poliéster, por iso os meus fillos tiveron que buscarse a vida e non poideron continuar traballando neste taller”, lamenta. En este sentido el carpintero se muestra nostálgico y demanda que los compradores de barcos “se preocupen máis pola calidade do material e aposten polas embarcacións artesanais, non as que saen de serie todas iguais”, apunta.
Entre las muchas creaciones de Victorio destaca el bateeiro “Neboeiro”, que le llevó a él y a sus trabajadores más de un año de trabajo. “É o barco máis grande que fixemos. Debe ter uns 13 anos e levounos moito tempo”, dice. Aunque presume de que puede construir una chalana en 15 días. “Iso sí, traballando de sol a sol”, matiza.
Orgulloso
Victorio Santomé se muestra orgulloso de haber podido trabajar durante toda su vida como carpintero de ribeira. “Hoxe en día é prácticamente imposible traballar toda a vida sen cambiar de oficio”, defiende. Además, con el paso de los años Victorio reconoce que la calidad del trabajo es mejor: “Vas collendo experiencia e cada vez traballas mellor”, justifica. Pero algo esencial en esta labor es la paciencia, facultad que siempre acompañó a este moañés. “Iso non cambiou coa idade, porque xa tiña moita paciencia de xoven”, aclara.
Todo apunta a que la saga familiar no durará mucho tiempo, pues ninguno de los 10 nietos de Victorio Santomé se decantó por aprender este oficio, algo que el moañés ve “lóxico” teniendo en cuenta que cada vez se construyen más barcos con poliéster, aunque no oculta que le gustaría que “todos os netos poideran vivir disto”.
En estos momentos pasa los días construyendo la maqueta de un barco de ardora, destinado a la pesca de sardinas. Se trata de una réplica que empezó hace tiempo pero que había dejado aparcada. “Agora non lle poño ningunha data, pois só traballo o tempo que quero e cando me canso recollo todo”, dice. Y es que Victorio Santomé asegura que aparte de realizar las maquetas dedica bastante tiempo a pasear por el entorno de Samertolaméu, probablemente viendo navegar alguna de sus creaciones.