CÉSAR COLLARTE - BUEU
La sala Amalia Domínguez Búa huele a mar, a un muelle con peculiares pantalanes de cristal en donde atracan barcos en miniatura surgidos de la imaginación y las manos de Victorio Gutiérrez Portela. Este buenense de 64 años ha intensificado al jubilarse una afición surgida cuando apenas superaba la veintena: la construcción de diminutos barcos en el interior de botellas o de bombillas de gran tamaño.
Un total de 20 de sus obras pueden ser vistas desde ayer hasta el próximo 15 de noviembre (de 10.30 a 13 y de 17.30 a 19.30 horas) en una exposición que se completa con la treintena de fotografías realizadas por su hijo Antonio Gutiérrez Pereira. Son dos formas distintas de concebir la creación artística. El primero con un hobby que nunca abandonó. El segundo con una serie de imágenes tomadas en Bueu, las islas Cíes y Ons o Baiona en las que refleja su gusto por el detalle o por los agrestes y a la vez bellos paisajes.
Paciencia. Ésa es la clave de una afición que requiere tiempo y cuidado máximo en cada movimiento. Así lo explica Victorio Gutiérrez. "Las diez primeras botellas te salen mal. Después todo mejora, pero también depende de los días. En algunos se te hace muy difícil. Entonces hay que dejarlo porque en otros te salen como churros", explica. Contrariamente a lo que se pueda pensar, la clave no reside en la embarcación, sino en la botella. "El problema no es hacer el barco, sino encontrar el recipiente adecuado. Que sea trasparente y no haga aguas", apunta.
El trabajo debe ser minucioso. Primero hay que construir el barco y después desmontarlo para ir introduciendo sus diferentes partes en la botella y montarlo de nuevo en su interior. En el caso de las bombillas, la tarea es incluso más complicada por la fragilidad del material. "Si de cada tres salvas una ya has tenido suerte", dice.
Ahora, con tiempo, su afición gana importancia. "Antes tardaba seis o siete meses en hacer un barco. Ahora, los construyo en una semana", sentencia.