ANA PATIÑO - CANGAS
Miguel Núñez, un hombre de 39 años con discapacidad de la Asociación Juan XXIII, trabaja desde el mes de julio en la empresa Isolux Corsan realizando tareas de recogida de basura en los camiones que hacen la ruta de playas después de que la empresa le contratase por tres meses para reforzar la plantilla durante el verano. Desempeña las mismas labores que el resto de sus compañeros, que le han brindado su apoyo y le han ayudado en el aprendizaje, considerándolo en todo momento como uno más y sin caer en un trato diferencial que a veces en vez de beneficiar perjudica a las personas que buscan un trato igualitario.
La asociación Juan XXIII a través de su programa de empleo con apoyo, intenta mejorar las posibilidades de empleabilidad que tiene el colectivo de personas con discapacidad intelectual. La preparadora laboral del centro en Cangas, Rosa Clavain, explica que “cuando una empresa está dispuesta a colaborar con nosotros y a no discriminar, un preparador laboral se desplaza a la empresa y hace un análisis del puesto de trabajo” con el fin de seleccionar al candidato adecuado para el puesto. Entonces, comienza el entrenamiento de las tareas con el apoyo del preparador que se va retirando poco a poco hasta que el trabajador sea totalmente autónomo.
Con Miguel son seis las personas de la asociación empleadas, pero en este caso la inserción se llevó a cabo después de que se pusieran en contacto con la gerente de la Mancomunidad del Morrazo, Alejandra Quintero que “nos atendió en todo momento con mucho interés y mostró su preocupación y sensibilización ante las dificultades del colectivo”, destaca Clavain y “fue la encargada de proponer al jefe de servicio de la empresa Isolux Corsan el programa y estudiar la posibilidad de realizar la inserción”.
Tareas iguales
La preparadora señala que “a la sensibilización social que nos transmitió la Mancomunidad del Morrazo le unimos la política de Responsabilidad Social Corporativa que ejerce la empresa”. Estos principios de sensibilización social y no discriminación hicieron posible la contratación de esta persona como un trabajador más al que se le ha dado un trato igualitario que le ha permitido ir mejorando en su trabajo, llegando a desarrollar las tareas igual que sus compañeros.
Miguel Núñez está muy contento con su empleo. El contrato tiene una duración de tres meses por lo que concluye este mes. Quizás tenga suerte y se lo renueven o le llamen para cubrir bajas.
De momento está trabajando con entusiasmo y la asociación le está muy agradecida a la empresa por haberle dado esta oportunidad y hacer posible el “primer contrato real” de una persona con discapacidad.
Esperan que poco a poco el mundo empresarial empiece a considerar a las personas con discapacidad como “un valioso recurso humano, ya que hay cualidades innatas en ellos y pueden realizar las tareas de un puesto de trabajo si se les brindan los apoyos necesarios”, asegura la preparadora de Miguel Núñez.
Entusiasmo
Otro caso de inserción laboral que tiene como protagonista a una persona con discapacidad miembro del centro que la Asociación Juan XXIII, tiene en Cangas es el de Diego González de 28 años, que desde julio se encarga con entusiasmo de la actualización de la página web del Real Club Náutico Rodeira, colgando las noticias referentes a campeonatos y últimas novedades del club.