NOELIA MOLANES - O MORRAZO
Los cambios en materia de educación fueron tan rápidos y profundos que echar la vista atrás produce cierto vértigo a estos cuatro profesores que entregaron sus años profesionales a la enseñanza en O Morrazo. En la actualidad, ya retirados, Euloxio López, Jorge Blanco, Lauro José Pedreira y José Estévez repasan los recuerdos de aquel primer contacto con la escuela, entre los años 50 y 60, cuando el profesor era maestro y el "don" era la palabra indispensable que apostillaba su nombre.
Todos coinciden al señalar que los "colegios" de aquellos años tenían muchas carencias, pero los alumnos acudían con una motivación y un respeto que escasea entre los jóvenes de hoy en día. "Si no estudiabas la alternativa era trabajar", explica Jorge Blanco, natural de Moaña y profesor en varias localidades de la comarca. "Había moita voluntade de aprender", añade José Estévez, de Bueu. Y aprender no era fácil inmerso en aulas en las que la masificación podía llegar a reunir a más de 70 alumnos de distintas edades en una misma clase. "La diversificación se daba cuando los alumnos más aventajados enseñaban a los más pequeños", comenta Lauro José Pedreira, uno de los profesores que inauguró el antiguo colegio Castrillón, ya derribado.
La escuela entonces (y hasta la reforma de los años 60) dotaba a los alumnos de las pautas básicas para vivir y, además, "estábamos concienciados de que a educación melloraría o noso futuro", apunta Euloxio López, profesor y ex alcalde de Cangas.
En tiempos como los de ahora, en los que la figura del profesor parece haberse diluido en el tejido social, estos antiguos docentes reivindican la figura del maestro, no por su rectitud, sino por la profunda convicción de que su labor todavía contribuye a formar personas.