CÉSAR COLLARTE - BUEU
Todo empezó con un accidente, la caída de un móvil al agua en el puerto de Bueu. El dueño del aparato pidió a unos amigos que rescatasen el teléfono del fondo de las aguas. Y en esa operación estaban cuando apareció él. Lo hizo de forma discreta, al menos al principio, pero después su presencia ya no pasó desapercibida a nadie.
Se trata de Gaspar, el ejemplar de delfín mular que ya ha convertido en habituales sus correrías por los puertos gallegos. El mamífero jugó primero con uno de los buceadores y después convirtió los pantalanes en su hábitat natural por unas horas mientras los paseantes se acercaban a aprovechar la oportunidad de ver a uno de estos animales de cerca.
Durante unas horas su actividad fue frenética. Alguno de los presentes golpeaba un palo en el agua para que Gaspar deleitase a su entregado público con sus saltos. Luego apareció un piragüista en las proximidades y el delfín desvió su atención para escasa fortuna del deportista, que vio cómo en un breve lapso de tiempo, el delfín volcaba la embarcación en medio de sus juegos. El palista se vio obligado entonces a cambiar de ruta para impedir que el animal continuase divirtiéndose a su costa.
Fue como asistir al espectáculo de un delfinario cualquiera, sólo que de forma gratuita y con un carácter mucho más interactivo. Cualquier estímulo provocaba que Gaspar se mostrase en todo su esplendor con saltos o asomando medio cuerpo fuera del agua. "Fai isto porque está claro que está entrenado", señalaba uno de los presentes. Y razón no le falta. Los especialistas del Gremmar, que estuvieron ayer en Bueu analizando las evoluciones de este ejemplar, así lo han confirmado, y apuntan que posiblemente su entrenamiento se haya producido en los Estados Unidos.
El mamífero, con unos 25 años de edad, de tres metros y medio de largo y de casi media tonelada de peso, estuvo toda la tarde en Bueu, permitiendo, entre otras cuestiones, que los integrantes del Gremmar comprobasen la curación de una herida antigua que tenía el animal. A su vez, los más jóvenes disfrutaron al máximo de la posibilidad que la naturaleza les brindaba de jugar con uno de los animales más inteligentes.