ANA PATIÑO - BUEU
La Bioética se presenta como una nueva rama de la ciencia que se apoya en los valores para la práctica de profesiones como la medicina. Precisamente médico es José Luis Pérez Requejo, el conferenciante que ayer expuso ante el público del auditorio del Centro Social do Mar, la evolución de la idea de eutanasia a lo largo de la historia y como en la actualidad, por los diferentes avances científicos y tecnológicos, se pueden aliviar los dolores físicos y morales de un paciente en fase terminal. El doctor acudió invitado por la Asociación de Mulleres Rurais de Bueu.
A partir de los años 70 nació en Londres una campaña para la interrupción activa o pasiva de la vida de los enfermos graves o recién nacidos con malformaciones, que defendía principios como el mantenimiento de la autonomía, acabar con sufrimientos inevitables y evitar la deshumanización que provoca ese dolor prolongado. Se trata de una postura que ha ido ganando defensores en todo el mundo ante casos como el de la italiana Eluana Englaro, a quien desconectaron de la máquina que la alimentaba, tras permanecer en coma durante más de 17 años en estado vegetativo.
Pérez requejo explicó los principios que defienden partidarios y detractores de esta práctica. Su postura es muy clara: apuesta por los cuidados paliativos para aliviar el dolor de los enfermos terminales y se manifiesta contrario tanto a la eutanasia o suicidio asistido – en el que se busca que “el médico mate al paciente”– como a la “obstinación terapéutica”, que consiste en prolongar la vida de forma no natural, cuando “todo ser humano tiene derecho a morir en paz”.
El conferenciante, miembro del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, aclara entre otras cosas que “si su médico no puede aliviarle el dolor, entonces cambie a otro, porque cuando se administran los cuidados necesarios, el paciente rara vez pide la eutanasia”. Advierte de que “estamos llegando a un utilitarismo en la sociedad que no debe continuar o la relación entre médico y paciente se dañará”. Argumenta que si se le concede a un médico la libertad de quitar la vida a quien estime necesario, los pacientes no sabrán a qué atenerse. Requejo explica que “para quienes se tienen como un estorbo en la sociedad, el derechoa morir puede ser interpretado como una obligación a desaparecer”. Con el código deontológico como base de sus explicaciones, indica que “los médicos deben limitarse a aliviar el dolor físico y moral de sus pacientes y contribuir a una mayor calidad de vida”.
Derechos del enfermo
En todo caso destaca que el enfermo grave tiene derecho a no sufrir inutilmente, a conocer la verdad de su situación, a decidir sobre sí mismo, a que se respete su libertad de conciencia, mantener un diálogo confiado con médicos, familia y amigos, y a recibir asistencia espiritual.