ANA PATIÑO - BUEU
Un incendio producido en Ons calcinó ayer alrededor de 2.000 metros cuadrados de monte próximo a las casas. La imagen idílica de la isla se transformó durante un par de horas en otra muy diferente. Los visitantes y colonos temieron incluso que el incendio que se generó ayer a las 16.30 de la tarde pudiese alcanzar las viviendas. Sólo “cuatro metros” de superficie separaban a la casa más cercana del peligro . El director de Parques Nacionales, José Antonio Fernández Bouzas, señaló que el fuego se inició “justo detrás de la casa número 17”, saliendo de Curro, el centro de la población”, por causas que se desconocen, y los vecinos fueron los primeros en hacerle frente.
Lo más peligroso de la situación es que se propagó con mucha rapidez por la zona de Entenza hasta llegar a la casa 19. Las personas presentes en el lugar de los hechos apuntan que el viento racheado del norte contribuyó a que el incendio se extendiera, dificultando su extinción por los equipos de Parques Nacionales que vigilan las islas, así como los medios materiales y humanos desplazados desde la península. Sin embargo a las dos horas, aproximadamente, ya no había peligro aparente y el fuego estaba apagado, aunque el operativo siguió desplegado durante toda la tarde para intentar “enfriar” el terreno y controlar que el viento no volviera a reavivar las llamas.
El equipo de extinción “estuvo conformado por 25 personas, entre las que se encontraba el servicio de Ons, que a las seis y media de la tarde recibió el apoyo del de Cíes”, según explica el director del Parque, quien añade que en el momento que llegaron los refuerzos de Cíes la situación ya estaba más o menos controlada. Fue fundamental la labor del helicóptero de la Consellería de Medio Rural que participó en la extinción del incendio desde el aire, evitando así que el fuego siguiese avanzando por la zona de monte raso y arbolado superior a las casas.
Zona desbrozada
El fuego se produjo en una “zona desbrozada”, señala Fernández Bouzas, lo que habría minorado los efectos. Sin embargo, parece ser que la paja seca y el viento propiciaron que fuese más difícil controlar la situación, según él mismo apunta. A pesar de ello, indica que “no había peligro” para la población, que en el archipiélago buenense se multiplica cada verano. Las altas temperaturas de los últimos días, después de varias semanas con unas condiciones meteorológicas impropias de la temporada estival, han aumentado los riesgos de incendio, y los responsables medioambientales solicitan extremas las precauciones para conservar intacta la riqueza de la isla.