A.P.S - BUEU
Quince años de trabajo como redera han convertido a Chelo Martínez Bernárdez en la candidata ideal para mostrar en vivo y de un modo práctico el trabajo de las atadoras. En Bueu son cuatro las mujeres que como ella se dedican a este oficio que perdura en el tiempo.
El Museo Massó acogió ayer y los días 8 y 15 de agosto, de 11.30 a 13.30 horas, una muestra de elaboración de redes de cerco, de la mano de Chelo. La atadora, que se inició en este arte por su marido, que es marinero, explica que “hay gente de la zona que cree que este trabajo ya no se hace”, pero de momento, no se ha inventado ninguna máquina que pueda sustituir la labor de las rederas. Ellas cosen los corchos, colocan los plomos y unen los “teles” con aguja.
El local donde se reúnen en Bueu es la denominada “nave de rederas” en el puerto y allí confeccionan los aparejos que les encargan los armadores. Las redes pueden tener diferentes medidas dependiendo de las necesidades de cada uno. Además arreglan las que se han roto y reponen el paño que falta, o como dice, “quedó atrás”. El trabajo de estas mujeres depende en gran medida de las reparaciones que tengan que hacer
El arte de las atadoras se conoce desde hace siglos, pero los materiales se han ido perfeccionando. Chelo Martínez expone su trabajo en el Museo Massó, que propuso la idea y destaca que “estoy contentísima con mi trabajo”.
El mar
La red de cerco se emplea para capturar bancos de pescado y está considerada como un arte mayor, utilizada por muchos barcos de la comarca. Sin embargo, en los últimos tiempos, la concienciación con el medio marino ha ido creciendo y con ella la creencia y convencimiento de que “el mar es una fuente de riqueza tremenda que hai que cuidar”. Los barcos de la ardora ya no trabajan la noche del viernes para el sábado para que se recupere.