G.M.P. - CANGAS
"Hai uns días estabamos paseando pola rúa Real e comentando que de nada sirve a súa peonalización, xa que na práctica non é así. Parou unha furgoneta a carón noso e un dos ocupantes saíu en actitude amenazante. "¿Quen son vostedes para decir por onde poden pasar os coches e por onde non?", arremeteu. Pouco lle faltou para agredirnos". La conversación tiene lugar frente a la Casa da Bola, y los protagonistas son un grupo de jubilados que critica la ineficacia de la peatonalización decretada por el Concello –"nin funcionan os bolardos nin hai policías que vixíen"– y el incivismo de algunos conductores que hacen caso omiso a las señales.
El siguiente capítulo tiene lugar a pocos metros, enfrente de la plaza de abastos. Un panel identifica esa zona como parada de taxis, pero no se ve ni uno por la zona. Todos son turismos particulares o furgonetas comerciales. "¿Para que manteñen ese sinal se os taxis están na estación marítima? O único que sexa para confundir, porque aquí aparca todo o mundo", añade una comerciante, que no encuentra explicación a que el centro urbano "estea repleto de almatrostes que non teñen utilidade algunha", en referencia a las señales que restringen o informan de una ordenación de espacios que no se materializa en la práctica.
El tercer caso en apenas 50 metros de paseo se encuentra en el vértice de la Alameda Vella, donde una joven pareja de turistas intenta, sin éxito, que el expendedor de tickets de la "zona azul" le entregue el justificante para estacionar durante una hora y media, el tiempo que piensan parar para comer y hacer algunas fotos. "No funciona, pero no hace falta que paguéis, porque nadie paga. Está de adorno", le avisa un viandante. "¿En serio? Pues mejor que mejor, pero entonces, ¿para qué están la máquina y las señales?"