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CÉSAR COLLARTE - BUEU Y Bueu se tiñó de color. Cerca de 4.000 personas, según la Policía Local, recorrieron ayer las principales calles del municipio para disfrutar de la festividad del Corpus Christi y de una de sus más tradicionales y llamativas expresiones, la elaboración de alfombras florales. La villa de O Morrazo se convirtió en un improvisado museo al aire libre gratuito en el que los visitantes tuvieron la ocasión de disfrutar de auténticas obras de arte urbano expuestas sobre el asfalto.
"No tienen nada que envidiar a las de Ponteareas", afirmaba alguna de las personas que contemplaban el manto floral en Eduardo Vincenti. Y así debía ser, ya que minutos antes de que comenzase la procesión, aparcar en el centro urbano era misión imposible. Los estacionamientos habilitados en el campo de fútbol, el muelle, el pabellón municipal, el centro de salud y en el entorno de As Lagoas colgaban el cartel de completo. Entre los que pudieron solucionar la papeleta previamente se encontraban los cuatro autobuses llegados de la ciudad portuguesa de Viseu para vivir el Corpus buenense.
A lo largo de un trayecto de unos dos kilómetros y medio se extendieron las casi 70 alfombras de esta edición. Eduardo Vincenti, Ramón Bares y Montero Ríos fueron los viales que concentraron el mayor número de alfombras. Pero la calidad no entiende de geografía y por todos los puntos del recorrido de la procesión se escuchaban expresiones de admiración hacia alguna de las obras expuestas.
La tradición se funde con la modernidad en los diseños escogidos y las nuevas generaciones toman un emocionante relevo. Así sucedió en O Valado con una alfombra realizada por niños de entre 7 y 10 años que plasmaron sus nombres en la misma.
Personajes infantiles
Motivos florales y geométricos fueron los más utilizados por estos efímeros artistas urbanos. Pero no los únicos. Lo religioso también tuvo su pequeño espacio (una Virgen y un San José como protagonistas en una de ellas y unos niños rezando con un par de palomas levantando una túnica en otra), al igual que los personajes infantiles. Hubo clásicos como Bambi, Pinocho y la Abeja Maya con diseños tan cuidados como llenos de color, pero también se echó mano de los contemporáneos para que apareciese algún personaje de Los Simpsons (en concreto el bebé Maggie, y Bart en dos alfombras diferentes), o la gata llegada de Japón y que está más de moda, Hello Kitty.
Otros optaron –e impresionaron– por el relieve. Una alfombra en O Valado representaba varios animales, entre ellos a un erizo con un increíble realismo en las púas y a una ardilla a la que no le faltaban hasta tres piñas. O todo un pequeño parque jurásico con diferentes dinosaurios.
Tras la contemplación pagana llegó el turno de lo religioso. La misa de las 18 horas dio paso a la procesión, que flanqueaban unos 30 niños que ayer vivieron su Primera Comunión. La comitiva partió de la iglesia parroquial buenense para enfilar por Ramón Bares, Eduardo Vincenti, Montero Ríos, Francisco Escáneo, Alexandre Bóveda, Ramorta y O Valado hasta volver al punto de partida.
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