REDACCIÓN - CANGAS
Gabriela , de origen latinoamericano, recuerda que el día del asesinato ella estaba mudándose a un piso de un edificio próximo al de la víctima. “Nos encontramos con un montón de gente reunida, muchos policías y periodistas, y nos enteramos de que ahí había una señora muerta”, recuerda, balanceando su cabeza hacia el inmueble de la Avenida de Ourense donde sucedieron los hechos. Sin embargo, no volvió a saber del asunto “excepto por lo que decían los vecinos en los días siguientes y lo que publicaba la prensa”. Ahora, es un asunto “que ya quedó más olvidado, y es normal, porque ya no se le puede hacer nada”. Cree que lo importante es “estar atentos y hacer lo posible para que no vuelvan a suceder cosas así. Nadie merece morir, y menos así”, señala. Con respecto a la condena al marido de la víctima, cree que “desde fuera, seis años de cárcel no son muchos, aunque me imagino que desde dentro serán una eternidad. Pero yo no sé de leyes ni las razones y prefiero no opinar”, manifiesta esta vecina.
Recabar opiniones por el entorno no es tarea fácil, y una de las personas consultadas dice que es “lógico, porque ninguno de los dos [en referencia al matrimonio] está ya aquí”. Otro vecino que en principio prefiere no hacer declaraciones, las condiciona luego: “Bueno, dígoche o que penso, pero pon que me chamo Luis”, solicita, cambiando su nombre de pila, “porque aquí todos nos coñecemos “. Asegura que el crimen supuso “un impacto tremendo” en el vecindario, pero en el entorno se han “acostumbrado” a la ausencia del matrimonio, ya que “ademais non queda outro remedio, como tantas cousas que pasan na vida”. Sobre los seis años de condena opina que “serán os que marquen as leis para estes casos”, y aunque reconoce que “hai quen critica que unha vida valga tan pouco”, cree que este caso es atípico y que por la mente del homicida “tivo que pasar algo raro, cruzarse algún circuito”, ya que sus conocidos no tenían conocimiento de comportamientos violentos en la pareja. “Sexa como sexa, o máis conveniente para todos é non remover máis, arquivalo como materia de hemeroteca”, concluye.
En varios establecimientos del entorno optan por el silencio cuando el interlocutor se identifica como periodista. “No por nada, es que aquí somos todos vecinos, y el que no es familiar es conocido”, interviene la clienta de una tienda textil, que, junto a la vendedora y muy amablemente, justifica la omisión de sus nombres. La víctima era “una buena persona”, sintetiza. “Vuestra obligación es investigar y está bien que lo hagáis sin buscar el morbo, pero es que hay cosas que pasan y que es mejor borrarlas, ¿sabes? Cuanto antes, mejor”.
Mantener la guardia
También desde el Concello prefieren pasar por alto un asunto que trastocó aquella jornada del 31 de enero de 2008 el funcionamiento municipal y que incluso influyó en las relaciones en el seno del gobierno. El concejal del PSOE Héctor Otero prefiere no remover las circunstancias del crimen ni sus consecuencias, aunque no tiene claro que el fallo judicial responda a la gravedad de los hechos. “Respeto la sentencia, pero este tipo de acontecimientos suelen provocar un cisma en la sociedad, y algunos ciudadanos están perplejos por las sanciones que se aplican, pero los jueces son los encargados de hacer justicia”.
La alcaldesa, Clara Millán, que asume también las competencias de Igualdade, recuerda que el Concello emitió entonces una nota de pésame y que se puso a disposición de la familia, aunque ésta decidió “pasar páxina, e hai que respetar a súa vontade”. La regidora incide en que se trata de “unha situación dura, un trance difícil de pasar” y que nadie debe vulnerar ese derecho a la intimidad, pero sí recalca la necesidad de “non baixar a guardia” y de seguir avanzando para superar “un problema social” que sigue sumando víctimas, como es la violencia contra las mujeres. “Debemos seguir loitando para que este tipo de feitos non volvan a ocurrir e por lograr una sociedade realmente xusta e igualitaria”, reclama.