G.M.P. - CANGAS
Manuel Vázquez Costal llegó a Cangas desde su Mondariz natal a finales del siglo XIX, y poco después abrió una panadería en el número 9 de la Rúa do Hío. La misma que regentan ahora sus nietas Rosa y Loli, la tercera generación familiar, y que, ya jubiladas, se despiden hoy de su clientela, con la que han compartido experiencias cotidianas en las últimas décadas.
"Más que clientes, hemos sido una familia", explica Rosa, incapaz de disimular la emoción y rodeada de ramos de flores que les han llegado al despacho en los últimos días, coincidiendo con su cumpleaños –el viernes celebró los 65– y con el cierre del local. Uno de ellos lo remite una vecina "muy especial y a la que quiero mucho", aunque prefiere no dar más datos para "no mezclar la política con la vida privada". La tarjeta de la remitente deja claro que esa amistad es correspondida: "Para unha gran amiga e unha gran persoa", reza el mensaje.
La víspera de la clausura invita a la reflexión y a repasar el pasado. "Empezamos a trabajar aquí siendo unas niñas, al venir del colegio", recuerdan las hermanas. "Transportábamos en la cabeza cestas de pan para los barcos que iban al bonito; muchos eran vascos que dieron mucha vida aquí". Loli, la mayor, fue además pionera en el reparto domiciliario en automóvil, ya que logró el carné de conducir "hace más de medio siglo", cuando las mujeres tenían encomendadas otras tareas y el volante, como el anuncio del coñac Soberano, era "cosa de hombres". Recuerda aquellos tiempos de las cartillas de racionamiento y en los que el pan se pagaba "en chicas, patacos y reales", y aún así eran muchos los problemas para cobrarlo. "En la posguerra había demasiada necesidad y poco dinero. Se prestaba la harina y luego no tenían con qué pagarla". "Por el hambre que mató, a nuestro abuelo habría que dedicarle una calle", sostiene su hermana.
Pero, junto a las miserias del pasado, Rosa y Loli desgranan también buenas experiencias, sobre todo por "tantas personas buenas, amigos más que clientes, a los que vamos a echar mucho de menos". Cuando hoy pasen la llave de su centenaria panadería, al final de la jornada, cerrarán también parte de un capítulo de la historia de Cangas. ¿ Y luego, qué? "Pues vivir y compartirlo con los que vienen detrás".