Dezanos sobresalientes (XLVIII)

Francisco Gil Taboada y Lemos

Marino, virrey y gobernador de las Islas Malvinas entre 1774 y 1777

21.08.2016 | 04:55

Las Islas Malvinas tienen un pasado vinculado a Deza. Entre los años 1774 y 1777 su gobernador fue Francisco Gil Taboada y Lemos, nacido en el pazo de Des, en Soutolongo. Su vida profesional estuvo ligada, en gran parte, al Nuevo Mundo, ya que con posterioridad a este cargo desempeñó los de virrey en Nueva Granada, en 1789, y en Perú, entre 1790 y 1796. A este lado del Atlántico, fue un influyente ministro de Marina, y durante el reinado de Fernando VII fue el único alto cargo que, durante la invasión francesa, se negó a continuar en el gobierno de José Bonaparte.

Francisco Gil Taboada y Lemos (1733-1810), nació en el Pazo de Des, en Santa María de Soutolongo, Lalín. Fue un político, militar y marino, gobernador de las Islas Malvinas, XII capitán general de la Real Armada, IX virrey de Nueva Granada, XXXV virrey del Perú, consejero de Estado, ministro de Marina, Bailío y Gran Cruz de la Orden de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, lugarteniente del gran prior el Infante D. Pedro y presidente de la Sacra Asamblea de Castilla y León (en la misma Orden), comendador (en la misma Orden) de Puertomarín y Puente Órbigo. Entre sus parientes próximos se encuentran dos famosos prelados, Felipe Gil Taboada, que fue arzobispo de Sevilla, y Cayetano Gil Taboada, obispo de Lugo y arzobispo de Santiago, cuyo nombre va unido, entre otras obras trascendentales, a las creaciones del arquitecto Fernando de Casas Novoa: la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes de la catedral de Lugo y la fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago.

Gil Taboada y Lemos fue una de las figuras centrales de los reinados de Carlos III y sobre todo de Carlos IV, momento en que ocupó los cargos de mayor responsabilidad, aunque hoy está olvidado y es desconocido por la mayoría de sus paisanos de Deza, donde no tiene ningún reconocimiento oficial, siendo el hijo más ilustre y que más lejos ha llevado el nombre de Lalín, que no dejó de tener siempre presente en su ánimo.

Fue un destacado marino, un virrey modélico y un influyente ministro de Marina. En su carrera como exitoso marino llegó al grado de capitán general de la Real Armada y fue uno de los ejemplos más notables de "oficial científico". Por lo que es más conocido es por su cargo de virrey, primero en Nueva Granada (1789) y después en Perú (1790-1796), llevando a cabo importantes reformas administrativas y económicas, destacando sobre todo por el saneamiento de las arcas coloniales y por el desarrollo de un gran florecimiento cultural. Es conocido por la historiografía moderna como el prototipo de virrey ilustrado.

Otro momento clave de su carrera fue en 1805, cuando es nombrado ministro de Marina, primero como interino y a partir de 1806 como propietario, ocupando este cargo hasta 1808, siendo el único ministro del reinado de Fernando VII que se negó a continuar en el gobierno de José Bonaparte. Durante sus tres años de ministro tuvo que vivir la derrota de la batalla de Trafalgar y la guerra de baja intensidad contra Inglaterra que duraría hasta el inicio de la Guerra de la Independencia. Fue un periodo de intensa actividad, política y naval, en la que acabó jugando un papel muy relevante, primero en la caída de Carlos IV y luego en la resistencia al invasor francés, tras la salida de Fernando VII hacia el destierro en Bayona.

Un episodio escasamente conocido en su vida es el desempeño del cargo de gobernador de las Islas Malvinas, archipiélago situado en la plataforma continental de América del Sur, entre 1774 y 1777. Estas islas eran una de las posesiones más remotas y aisladas de la Monarquía Española, pero consideradas de gran importancia estratégica. El 2 de abril de 1767 Port Louis, rebautizado como Puerto Soledad, pasó a ser ocupado por España después de recuperarlo a los franceses, asumiendo el mando de la colonia el capitán de navío Felipe Ruiz Puente, primer gobernador español de las Islas Malvinas y antecesor de Gil Taboada en el cargo. A principios de 1776 y despreciando el titulo de soberanía española, Inglaterra funda la colonia de Port Egmont.

Ante el temor de que Inglaterra se estableciese en la zona del Estrecho de Magallanes, se lanzaron diversas expediciones en busca de la supuesta factoría británica. En dos de estas expediciones, participó el teniente de navío Gil Taboada, a bordo de la fragata "Santa Rosa". Finalmente localizado Port Egmont, junto a otros buques de guerra formó parte de la expedición de Juan Ignacio de Madariaga, con la intención de desalojar a los británicos de las Islas Malvinas, misión que terminó con éxito, en el año 1770, logrando que los ingleses se comprometiesen a abandonar Port Egmont.

Ocupando Puerto Soledad e Inglaterra Port Egmont, el 2 de diciembre de 1772, estando en la corte, Francisco Gil Taboada es nombrado Gobernador de las Islas Malvinas, con un sueldo de 4.000 pesos fuertes anuales (80.000 reales de vellón). Este cargo le situaba en la primera línea de la defensa imperial, pero era un puesto duro. A principios de 1773 partió para América, realizó la travesía del Atlántico al mando de la fragata "Asunción", botada en 1772, con 34 cañones, que en 1805 se hundió en el Río de la Plata. Fue un viaje accidentado y al llegar a Buenos Aires se entrevistó con el gobernador cesante en el cargo, Ruiz Puente. Al parecer, no tenía prisa por tomar posesión y estuvo dilatando el momento durante todo el año 1773; finalmente, el día 1 de enero de 1774 desembarcó en Puerto Soledad, y tomó posesión como gobernador de las Islas Malvinas, con el propósito de hacer solo lo que fuera indispensable para asegurar la soberanía española sobre el terreno y vigilar Port Egmont, verificando que los ingleses procediesen a la evacuación y seguir explorando las islas. Gil Taboada fue el último gobernador de las islas, ya que durante su gestión la gobernación fue reducida al rango de Comandancia, los motivos fueron políticos para que el rey centralizase más su poder.

En 1776, los ingleses comunicaban a España el abandono de Port Egmont. Sin embargo, la mayor parte de sus energías las dedicó durante los tres años de mandato a asegurar la supervivencia de sus hombres en un paisaje muy hostil. Su primera preocupación fue la de conocer las circunstancias exactas de la colonia. Para ello encomendó a los pilotos de la Real Armada Juan Calleja y Narciso Sánchez, la elaboración de un plano de Puerto Soledad.

En las islas no había colonos y la población permanente consistía en oficiales, tropa y presidiarios. Las condiciones de vida en las islas eran precarias y muy duras. Prevalecía la monotonía y el clima era muy riguroso. Sus pobladores dependían en gran medida de la llegada anual de los pertrechos y abastecimientos. El mantenimiento de esta estación era costoso para la Corona pero su posición estratégica lo justificaba. La actividad más importante continuó siendo la navegación y exploración de las costas de las islas para evitar los asentamientos no autorizados. Además, rutinariamente trabajaban en el mantenimiento de la artillería. Durante este período en las islas se vivieron momentos de alarma conforme evolucionaba la situación internacional.

Uno de los acontecimientos más sonados de su gobierno, que hizo olvidar la vida dura y monótona, fue el naufragio de un buque portugués en sus costas en diciembre de 1774. Se salvaron de una segura muerte gracias a la ayuda de los españoles, logrando salvar a 98 portugueses, muchos de ellos en un estado lamentable, a los que trató con una gran humanidad e hizo todas las gestiones para reintegrarlos a la corona de Portugal.

Regreso

A comienzos de 1776, en el mismo correo en que Gil Taboada informó de la evacuación de Port Egmont por los ingleses, elevó una instancia, aduciendo motivos de salud, acompañada de un dictamen médico, solicitando su relevo en el mando de las Islas Malvinas y su pronto regreso a España. Toda la familia se volcó en apoyo de su regreso. El 9 de agosto de 1776 se cursaban instrucciones al gobernador de Buenos Aires concediéndole licencia para regresar a España, entregando el mando de las islas a su sucesor Don Ramón Carassa.

Su salida de las Malvinas fue por la puerta grande. El 17 de febrero de 1776, con 42 años de edad, fue ascendido a capitán de Navío y el 19 de noviembre de 1776, como recompensa por su gobierno en las Islas Malvinas, fue nombrado capitán de la recién creada Compañía de Guardias Marinas creada en la ciudad portuaria de Ferrol, cargo codiciado y de gran prestigio intelectual, nombrado probablemente por el rey Carlos III.

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